martes, 19 de junio de 2012

Relato Concurso Jóvenes Talentos

Buenas tardes a todos. De nuevo vengo a dejaros otro de mis relatos. Esta vez he de añadir que ha sido premiado por Coca-cola como el sexto mejor de la provincia de Cádiz. Espero que os guste. ¡Hasta la próxima¡

Quizá las hojas no habían caído aún, perezosas, de los árboles, pero el frío ya estaba presente entre los ciudadanos, obligándonos a vestir gruesos chaquetones y no menos gruesas bufandas para que dicho individuo no nos jugara una mala pasada y nos retuviera  atados y amordazados a nuestras respectivas camas durante largos días de fiebre y cajas de pañuelos vacíos
Ese día interrumpió en la clase una joven cuyos cabellos rojos eran la envidia de todos los ángeles que por la Tierra osaran vagar. Sus ojos verdes estaban surcados por doradas motas que producían un aspecto mágico.
Cuando notó que era el centro de atención inclinó su cabeza provocando que el fuego de sus cabellos cayera sobre su cara ocultando su rostro como si de una cortina se tratase, privándome de la mirada de la mujer.
El extraño profesor procedió a la presentación:

-¡Señores y señoritas! ¡Ella es Sara! ¡Sed respetuosos, como buenos compañeros que sois!

Sara, empleando toda su fuerza, levantó la cabeza buscando  con intranquilos ojos un lugar donde parecer invisible. Procedió, con extrema elegancia, a sentarse a mi era. "Ni los ángeles. Ni ellos pueden ser tan hermosos"
Oí como el resto de mis compañeros habían encontrado ya, a escasos segundos de su llegada, un apodo con el que la torturarían hasta que otro divino-o endemoniado-ser tuviera el valor de atravesar la puerta. Y ese nombre era Pintora. A decir verdad me pareció la segunda mejor forma de llamarla ya que la primera era, sin duda alguna, Ángel.
Pasaron los días, las semanas y los meses y nuestra amistad fue en aumento.
Un día, cuando aún las perezosas hojas no habían vestido los árboles, pero el calor ya estaba presente entre los ciudadanos, obligándonos a vestir ligeras ropas y no menos ligeros zapatos para que dicho individuo no nos jugara una mala pasada y nos retuviera atados y amordazados en nuestras respectivas casas durante largos días de calor y ventanas abiertas, apareció en mi maleta una nota que rezaba lo siguiente:

"Cuídate, la Pintora pude dar contigo, dispone de una lupa increíble"

Quienquiera que lo hubiera escrito sabía que tanto la palabra "Pintora" como "Lupa" producirían en mi en mismo efecto que un "te quiero" a un enamorado. Así pues, como loco enamorado de las matemáticas, intenté resolver dicho problema mediante cientos de formas distintas. Lo que no sabía por aquel entonces es que esa ecuación no se resolvía como las demás.
Tras el fracaso busqué a Sara, sin éxito. Incluso llegué a pensar que uno de sus cuadros había decidido hacerse con ella.
Llevaba una semana sin noticias suyas cuando me aventuré a visitarla. Al llegar a su habitación contemplé como miles de "yo" me observaban desde las paredes. Justo entonces llegó Sara. De su espalda nacían dos alas rojas, rojas como el fuego. Me asusté, pero ella besó mis labios y entonces lo comprendí todo: aquella frase no estaba hecha para la cuadriculada mente de los cuadriculados matemáticos. Aquel mensaje solo podía entenderlo el modelo que posó para sus cuadros, cuya mente no era científica, ni matemática ni lingüística. Si no la mente de un enamorado. Y no de uno cualquiera, si no la mía, que estaba locamente enamorado de una joven cuyos ojos verdes no son de este mundo.

2 Corazones:

MeriiXún dijo...

Me encanta *_* besitos

iPensamientos de Patri dijo...

Muy bonito!!

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