domingo, 3 de enero de 2016

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 9

¡Hola chic@s!

Aquí tenéis el noveno capitulo. ¿Os va gustando la historia!

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 9

Son más de las doce de la mañana y Laia se levanta sobresaltada con el sonido de su móvil. ¿Quién será a estas horas?, piensa. Le duele la cabeza y aun esta un poco aturdida. Sin mirar la pantalla, descuelga.

  • ¿Si? –dice con voz ronca.
  • Buenos días borrachina –es Carlos.
  • ¿Qué hora es?
  • Es más de mediodía. ¿Aun duermes?
  • ¡Claro que duermo! Ayer desfase más de lo debido y ahora sufro las consecuencias.
  • Ya sé que ayer desfasaste… -asiente- Por cierto, ¿recuerdas todo lo que me dijiste ayer cuando me llamaste?
Laia piensa unos segundos. Recuerda que lo llamo, recuerda que hablaron pero es incapaz de recordar con claridad todo lo que se dijeron.

  • No mucho. ¿Por qué? ¿Dije algo que no debí decir? –pregunta asustada.
  • ¡No, no! Tranquila jajá.
  • ¿Entonces?
  • No te preocupes ahora, luego te digo todo lo que soltaste. Al final, ¿esta tarde podrás quedar?
  • Si claro. Después de comer puedo salir de aquí.
  • Había estado pensando y me gustaría proponerte algo.
  • ¡Suelta! –añade algo más despejada.
  • He estado hablando con mis padres y me dejan el piso de la playa esta noche. Si te apetece podemos ir allí y quedarnos a dormir.
  • ¿Juntos?
  • Claro, a ver… -se disculpa- No quiero que creas que quiero pasar la noche con un único objetivo, de hecho no es lo que pretendo. Pero he pensado que así podremos estar mas tranquilo, ir a cenar, pasear por la playa, conocernos y estar tranquilos. Pero si no quieres, lo entiendo. Quizás he sido muy directo.
  • No, no te preocupes. No me parece mala idea, de hecho me gusta. ¿Qué hay de malo? Además supongo que en tu casa no habrá una única habitación jajá.
Laia no piensa para nada lo que le ha dicho. De hecho no hay cosa que mas desee que pasar una noche a su lado y por seguro que no dormirá en una cama ajena a la suya. Tiene ganas de abrazarlo y despertarse junto a él. Pero tampoco quiere que él piense que esta todo hecho. La tiene ganada, si, pero quiere que se lo curre algo más.

  • Vale, perfecto. ¿Te recojo a las cinco? –propone el joven.
  • ¡Ok! Me pegas un toque y bajo. Ahora me inventare alguna excusa en casa, pero cuenta con ello.
  • Un beso.
  • Un beso.
Ambos cuelgan. Laia siente la necesidad de quedarse más tiempo en la cama, esta cansada, pero se despierta. Si quiere que su madre acepte de buen grado que esta noche dormirá fuera deberá ser la hija ejemplar lo que queda de mañana.

Con los ojos resacosos y un dolor de cabeza descomunal sale de su habitación en busca de una pastilla que la haga sentir mejor. Su madre ya anda trasteando por la cocina.

  • Anoche bebiste, ¿verdad? –le pregunta.

  • Si mama, se me fue de las manos, pero estoy bien. Una noche es una noche.
  • Eso espero hija, estoy preocupada –confiesa.
  • ¿Preocupada? ¿Por qué? –pregunta la joven sorprendida.
  • Te noto distinta. Antes de venir, cuando hablábamos por teléfono, te sentía triste, era consciente de que algo me ocultabas. Ahora te veo y estas mucho mas delgada. Y llevas dos días desmelenada, no paras en casa. Parece que no quieres estar aquí.
Laia siente que debe ser honesta con su madre, la nota preocupada sinceramente y no quiere que crea cosas que no son.

- A ver mama, déjame que te explique. Es cierto que en Barcelona no soy lo feliz que esperaba. Trabajo mucho, tengo muchas tareas pendientes, no tengo casi tiempo de estudiar y entre tanto compromiso laboral, me he olvidado de vivir. No salgo, no tengo casi amigos allí y me he olvidado de que soy joven y tengo que disfrutar. Respecto al peso, es normal. Me muevo mucho y como lo que puedo. No tengo tiempo para llevarme horas en la cocina, pero no te preocupes, estoy bien. No quiero que pienses que no tenia ganas de veros, de hecho os extrañaba mucho. Pero también extraño a mis amigos, y mis veinticuatro años. Aquí tengo gente que me quiere y para pocos días que tengo disponible, quiero aprovecharlos. Entiéndeme mama. Quiero reponer fuerzas para volver con las
pilas bien cargadas.

Aquellas palabras hacen mella en la madre de la joven que sin pretenderlo le caen dos pequeñas lágrimas por su cara. Entiende a su hija, claro que la entiende, de hecho ella se lo imaginaba. No es la única que lo pasa mal con la distancia. Ella la extraña cada noche, reza por su bienestar e intenta buscar siempre fechas para viajar a verla. Pero no siempre es posible. La madre de Laia trabaja y desde que se quedo viuda, no le quedo mucho dinero. Es bastante humilde y cada vez que pretende subir siempre le surge algún improvisto que la deja sin dinero para el vuelo. Ella también
sufre.

No le dice nada, la abraza. Es uno de estos abrazos que solo una madre puede darte. Es reconfortable, fuerte y lleno de amor. Laia se funde con ella, se siente como cuando era pequeña y corría a ella cuando se caía. ¡Cuánto ha echado de menos esos abrazos!

  • Mama –aprovecha- después de comer he quedado con Lara y creo que pasare la noche con ella. ¿Te molesta?
  • No cariño, no me molesta –miente-. Pásalo bien y disfruta.
  • Gracias mama –le planta un beso sonoro en su mejilla.
Ambas se quedan allí en la cocina, recogen los cacharros de la cena de ayer y preparan la comida. Hoy, día de Navidad, estarán solos y no cocinaran. Comerán todo lo que anoche no se ceno.
Sus hermanos no tardan en despertarse y unirse a ellas. Se nota buen ambiente, comentan la noche de ayer y se ríen. A las dos de la tarde se ponen a comer. No encienden la televisión. La familia cuanta anécdotas de cuando su padre vivía y admiten que todos le echan de menos. ¡Lo que cambio la vida desde que él falleció! Tardan más de dos horas en levantarse de la mesa. Ha sido una comida tranquila, amena y larga.

Laia después de ayudar a recoger, corre al baño. Tiene una hora para arreglarse, preparar una mochila con alguna muda y esperar a que Carlos la recoja. Ha intentado escoger su mejor ropa interior. Nunca se sabe que puede ocurrir. Tampoco es que tenga gran variedad, se trajo sus mudas más cómodas, pero intenta que de las pocas que trajo de Barcelona, escoger la que mejor le siente. ¡Quien le iba a decir a ella hace unos días que hoy pasaría la noche con un chico!

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