jueves, 25 de octubre de 2012

Sin Frio, No Hay Calor

¡¡Hola Chic@s!!

¡¡Feliz Jueves!! Estamos a un pasito de acabar la semana y ser libres durante dos días. ¡¡Qué felicidad!! ¿Cómo estáis? Yo feliz, pletórica... Estoy tan bien que hasta me asusta jaja.

Hoy os dejo un pequeño cuento que escribi ayer. Espero que os guste y lo disfrutéis tanto como yo escribiendolo. Tener presente que es el primero que escribo, no seáis muy crueles.

¡¡Un Beso y Hasta Pronto!!

SIN FRIO, NO HAY CALOR


 **¿A que la imagen es preciosa?**


Erase una vez, en una pequeña aldea donde el color y la fantasía reinaba en el aire, vivía una pequeña joven, risueña y alocada que soñaba con vivir y morir enamorada. La joven estaba comprometida con un joven apuesto por el que unicamente sentia cariño y respeto. Ella a su lado se sentia comoda, pero sentia que le faltaba aquella chispa de la que todos hablaban. Aun asi, no tenia mas remedio que permanecer a su lado. Habia sido un compromiso organizado por su familia. Si huian no se lo perdonarian y si lo dejaba no seria aceptada en la sociedad de la pequeña aldea. Toda joven cuando cumple una edad debe estar acompañada de un hombre que la cuide y la vale, le decian. Ella, aun siendo de caracter rebelde, sometia. Nunca habia salido de las fronteras de la aldea y tenia miedo a descubrir nuevos parajes y verse sola.
Una noche, mientras intentaba descansar en su lecho de paja, decidio romper con su actual vida. La voz de su padre, que aun resonaba en su cabeza a pesar de que llevaba años fallecido, le hizo ver la luz. Debía ser feliz. Ella siempre había sido una chica con caracter, libre y no debia verse sometida a las absurdas normas de aquel pequeño pueblo. Decidida, preparo un pequeño macuto y salio a hurtadillas de la casa.
Era pasada media noche, el cielo estrellado era la unica luz de los senderos, pero la joven no ceso en su marcha. Camino y camino hasta pasado varios dias.
Una mañana, despues de una semana de su huida, a lo lejos diviso una gran aldea. Aunque aún no estaba muy cerca, notaba el calor de ella. Debían de estar de fiesta, pensó, pues los fuegos y la música se oían desde donde se encontraba. No lo dudo y fue directa hacia ella. Ademas su estomago rugia, hacia dias que no se tomaba algo caliente y deseaba saciar su estomago.
Fue un día especial. Las normas en aquel pueblo se notaban diferente, la gente estaba feliz, notaba la libertad y ella decidio que aquel lugar era un buen sitio para empezar de nuevo. No tardo en hacerse a ello, aquella misma noche le ofrecieron trabajo y encontro una pequeña posada donde refugiarse por las noches. Estaba feliz e ilusionada.
A la mañana siguiente, aun con la luna sobre el cielo, despertó. Debía ir a trabajar. No tenía muy claro cuales serian sus funciones pero estaba inquieta, ilusionada y por primera vez en mucho tiempo, se sentía libre.
La mañana pasaba y ella intentaba adaptarse a su nuevo puesto laboral. Debia ordenar y administrar los papeles de una vieja finca. Suerte que su padre le enseño a leer y a contar antes de morir. Tenia una formacion impropia a su condicion y gracias a ello, habia encontrado el trabajo que sostendria su nueva vida.
La finca debia de permanecer a personas fracamente ricas, o eso intuyo, ya que eran muchos los que alli trabajaban. Hombres y mujeres se partian el lomo en aquel lugar para sacar adelante el trabajo. La joven no estaba acostumbrada a ver una finca de tal dimension, estaba asombrada y confusa. Eran muchos los compañeros que se le acercaban y se interesaban por ella como para que la joven en tan pocas horas, los recordase a todos.
Y de repente, se estremeció. Entre todos sus nuevos compañeros, estaba él. Un joven, algo mayor que ella, alto, con el pelo semi largo, barba, castaño y con dos bonitos ojos negros. Hablaba con otros compañeros y sonreía. Aquella sonrisa empezó a iluminar la vida de la joven.
Mientras otros compañeros se sentían cansados y desganados con la faena, a él se le notaba feliz. Reía y bromeaba con todos. Tenia una especie de aura que ella vislumbro y sentia que aquel joven podia hacerle sentir todo lo que anhelaba y soñaba.
Aun asi, era pronto para gritarlo, ni siquiera sabia su nombre y menos aun su condicion...
Pasaron los días  y la resignación había vuelto a ganar la batalla. Había conseguido, entre sutilizas, conseguir más datos sobre el chico que le había robado el sueño. El joven estaba casado. ¿Qué hacer frente a ello?, pensó. No había nada que hacer. Además, seguro que aunque no estuviese casado, alguien así no podía fijarse en ella. ¿Qué tenía una joven risueña enamorada del amor que ofrecerle a un hombre como él?
Las noches se volvieron cada vez más oscuras y la joven reprimía sus lágrimas cada vez que caía el sol. Las noches se hacían eternas y solitarias. Además el frio hacia que lamentase haber huido de su compromiso. Si ella no se hubiese marchado, si siguiese con aquel joven, ahora estaría con él, compartiendo lecho, caliente y quién sabe, quizás con el tiempo hubiese aprendido amarlo y podría haber sido feliz. Se lamentaba de su huida y lloraba...
Una mañana, cuando estaba a punto de echarse atrás y volver arrodillada a su hogar, vio una pequeña nota en la sala donde ella solía trabajar. Era de él. No decía gran cosa, por lo visto había notado que últimamente andaba triste y solo quiso hacerla sonreír. ¡Y vaya si lo hizo! La joven corría de un lado a otro con la nota, enseñándosela a sus compañeros, con los ojos brillándole de felicidad. Aquel pequeño gesto fue lo mas hermoso que habian echo por ella y aunque se negaba a reconocerlo, aquel joven habia robado gran parte de su amor.
Aquella noche releyo la nota cien veces, incluso la memorizo y se la autorecitaba hasta que quedo dormida y tuvo un profundo y lindo sueño donde los dos eran eternamente felices.
Aun asi, ella era consciente, de que aquello, no llegaria a nada mas. Debia conformarse con soñar con futuro juntos. Él estaba casado y ella tenia por seguro, que el joven no sentia ni la mitad de lo que ella por él. Ademas, algo le decia que el chico no veia en ella la posibilidad de algo serio. Seguramente la tuviese por alguna cria consentida sin la cabeza amueblada. ¡Cuanto odiaba ella que él pudiese tener una idea tan equivocada! Era una chica entregada, capaz de dar su amor mas profundo y hacer feliz a la persona que estuviese con ella. Ella solo creia en el amor, pero en el de verdad, sin medidas tintas y estaba dispuesta a entregarselo a él sin medidas. Lastima que el joven no se diese cuenta.
Los dias pasaron y con ellos la confusion de la joven se agravaba. Habia dias que su amado se mostraba, alegre, cariñoso y atento con ella. Otros en cambio, lo notaba distante y frio. Quizas solo fueran sus propias impresiones, o quizas todo aquello era real. El caso, es que ella no sabia que estaba haciendo mal.
En una ocasion ella le prometio ser su amiga, sin mas, y le tendio su mano sin miedos. Ella sabia lo que habia, conocia su compromiso, y lo respetaria aunque con ello tuviera que vivir su amor oculto. No le importaba, solo quería que su amado estuviese feliz y que no viese en ella un peligro que no existiría jamás.
Los días pasaron y con ellos largos meses. El invierno llego al pueblo y las calles comenzaron a nevarse. El frio ocultaba los hermosos pasajes que un día la enamoraron y los senderos se tiñeron de blanco.
El jefe de la finca había decidido organizar una cena especial con todos ellos. Pronto seria Navidad y había que celebrarlo. Ella que un principio dudo ir, opto por pasar un rato agradable con los que ahora eran sus amigos. Con el dinero que había ahorrado compro un nuevo vestido que lucir. Paso largas horas arreglándose.
Él por su lado, también escogió sus mejores atuendos para la ocasión. Se había arreglado su melena y había afeitado su barba. Estaba guapísimo.
Cuando se cruzaron en el gran salón donde se cenaría, se miraron. Aquella mirada fue larga, intensa y electrizante. Ella pensaba que él era único, él que ella estaba preciosa. Sin embargo, ninguno de los dos, comento nada.
Las horas pasaron y la velada toco su fin. La joven que no estaba acostumbrada a caminar sola de noche en invierno, se puso a caminar hacia su hogar. No podia borrar de su mente los ojos del joven. Nunca nadie habia conseguido innotizarla con una unica mirada. Aquellos ojos que un dia robaron su corazon, hoy habian conseguido robarle el alma. Pudo ver tras ello y aunque temia equivocarse, sintio que su amado habia intentado decirle algo.
Aun tenia un largo camino por recorrer cuando noto que alguien corria tras ella. Por su momento se asusto, penso que podían ser unos vándalos dispuestos a robarle todo aquello que llevaba. Acelero el paso y no miro atras.
-          ¡Espera, espera! – le grito.
Aquella voz le resultaba familiar. Aun temerosa por la oscuridad de la noche, se giro y lo vio. El joven venia corriendo, incluso fatigado, pero sonreia. Sonreia tanto que era capaz de iluminar una noche de invierno como aquella.
-          Hola... ¿Ocurre algo? – pregunto timidamente la joven.
-          ¿Cómo no me dijiste que ya marchabas? Y peor aun, ¿como no me dijiste que te volverías sola?
Su voz sonaba tajante, seria... Si no hubiese sido porque sus ojos brillaban con fuerza, la joven hubiese pensado que estaba enfadado.
-          No sé, pensé que nadie lo notaria, además, es tarde, necesito descansar – se disculpo.
-          ¿Como puedes creer que yo no notaria tu ausencia?
-          ¿Lo notarias?
-          ¿Acaso lo dudas? El noto cuando sales de trabajar antes que yo, la noto en casa cuando descanso de un duro dia de trabajo y la noto cuando siento que te pierdo. Únicamente no siento esa ausencia cuando duermo y sueño contigo. Ahí es cuando únicamente siento que la vida es justa conmigo y consigo ser feliz... Pero... ¿sabes? Los sueños, son solo eso, sueños. Y no puedo conformarme ni quiero únicamente de la magia que ellos transmiten. Yo quiero soñar despierto y quiero que tú estés a mi lado. Haciéndome feliz, amándome. Yo prometo amarte como nadie la hará jamás y créeme cuando te digo que te hare feliz hasta el final. Sé que todo será difícil, complicado y seguramente hasta lento. Pero quédate conmigo, no quiero pasar ni un día mas entero sin tu amor.
La joven que creyo enloquecer despues de oir las palabras de su amado, cerro los ojos, suspiro y sonrio. Él la agarro suavemente mientras la atraía hacia su pecho. La rodeo con sus brazos y la abrazo en la fría noche. Con delicadeza, agarro su barbilla e inclino la cabeza de la joven, dejando sus labios a la vista de sus ojos.  Cerró los suyos y la beso. Fue un beso intenso, cargado de deseo y amor que puso el principio a un fin de sueños hechos realidad.
Y colorín, colorado... ¡¡Este cuento se ha acabado!!
FIN

1 Corazones:

Lydia Pinilla dijo...

*.* Me he enamorado de tu cuento, de veras que sí. Echaba de menos ler cosas tuyas :)
¡Besos!
PD: También te echo de menos a ti.

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