domingo, 20 de diciembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 7

Hola chic@s,

Por fin os traigo el séptimo capitulo de mi blog novela. ¿Con ganas? La cosa esta interesante y ardiente. ¡No te lo pierdas!

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 7

Por suerte le ha dado tiempo de subir a su casa, peinarse y arreglarse un poco. No se ha podido cambiar de ropa pero va un poco más aceptable de lo que estaba. Cuando Carlos le avisa con una llamada perdida que ha llegado, ella corre al ascensor.

Nada más bajar lo ve. Esta tan guapo como anoche dentro de su coche. Ese coche que ayer vio todo lo que surgió entre ellos, ese coche cómplice del amor de ambos. Le sonríe y entra.

  • Lo siento –se disculpa mientras besa suavemente su mejilla.
  • ¡No te rayes! Dejémoslo estar. ¿Qué se te apetece hacer?

  • Lo que quieras… ¿Cómo que al final has podido quedar?
  • Convencí a mis padres. Les dije que no tardaría. Te vi muy apagada por teléfono e hice todo lo posible por verte.
La joven no le dice nada, lo mira y le sonríe. Siente que podría estar así siempre, es perfecto. Por ahora ya ha acertado en dos detalles y casi no se conocen. Si sigue sorprendiéndola así, en dos días estará loca por él, piensa.

  • ¿Qué te parece tomar un té? Conozco un sitio no muy lejos de aquí y así podremos charlar un poco y luego irnos –propone la joven.
  • ¿Un té? Nunca tome uno –añade.
  • ¿Nunca? ¡Pues ya va siendo hora! Yo soy una aficionada.
  • Como quieras, jajá. ¿Dónde esta ese lugar?
  • Yo te indico.
No tardan ni cinco minutos en llegar a la tetería. Mientras le dirigía, rezaba por que no la hubiesen cerrado. Lleva mucho tiempo sin estar allí y hubiese lamentado un cierre por la crisis o cualquier historia. Por suerte, allí sigue y esta abierta. Entran y se sientan en una pequeña mesita uno frente al otro.

  • ¿Te gusta? –le pregunta.
El chico esta alucinado, nunca antes había entrado en un local como aquel. Es todo muy tranquilo, hay una música de fondo muy apaciguada, esta decorado como una antigua mezquita y todas las mesas son pequeñas, no hay sillas, solo pufs.

  • Es chulísimo, me encanta.
  • Pues ahora solo hace falta que te encantes con uno de los tés que hacen aquí. Mira la carta, ¿ya sabes lo que vas a tomar?
El chico mira la carta con recelo. Hay mas de cien clases de tés diferentes y no sabe que escoger.

  • Tú eres la aficionada, aconséjame.
  • A ver, a ver –dice-. ¿Se te apetece con alcohol o sin alcohol?
  • ¿Hay tés con alcohol?
  • Claro, mira –dice señalando una parte de la carta.
  • Venga con alcohol, pero elige tu. Seguro que haces una buena elección.
Un joven camarero se nos acerca y nos toma nota. Para él escoge un té con ron y para ella uno de flores exóticas. No suele beber y no piensa hacerlo por ahora. Cuando se lo traen el chico se maravilla, le encanta. Ella también esta contenta por su elección, ya lo había probado y sabia que le gustaría, pero que a él también le guste hace que ese té le sepa aun mejor.

No pasan mucho rato allí, solo una hora escasa. Los dos hablan, se cuentan cosas sobre ellos. Él le explica que hace no mucho rompió con su novia y que trabajar en el hotel le ayuda a pasar página, mientras que Laia le explica su vida en Barcelona. No hay besos entre ellos, tampoco caricias, todo es más frío que la noche anterior, pero ambos están a gusto. Es un paso que ayer cuando se besaron se saltaron y tomarlo ahora, hace que todo se consolide un poco más.

Cuando se dan cuenta de la hora que es, corren hasta el coche y cada uno se marcha a su casa. No pueden tardar más, esta noche es Nochebuena y ambos tienen compromisos. Él además ha quedado después de cenar con sus amigos para salir y ella también tiene planes. Ha quedado con Lara y su hermana para salir de fiesta. Hace mucho que no sale de noche y le apetece desmelenarse y disfrutar de ambas.

Una vez en el coche ambos se despiden y se prometen ver al día siguiente. Han hecho planes. Laia quiere ir a la playa, quiere ver el mar de su ciudad y él le ha propuesto acompañarla. Después de comer volverán a estar juntos y con suerte podrán disfrutar de esa intimidad que ambos desean. Antes de bajarse del coche, él la detiene agarrándola del brazo.

  • ¿Dónde vas?
  • A casa. ¿Dónde voy a ir?
  • ¿Y te vas así sin más?
  • No se… -dice desconcertada- ¿Qué ocurre?
Carlos la atrae hacia él y la besa. La besa ardientemente y le acaricia. Rodea su cuerpo con sus brazos.

  • Ahora sí –le susurra.
Laia nota que sus piernas han perdido todas sus fuerzas. Cae sobre el asiento del coche y siente que su vista se nubla. Lleva deseosa de ese beso desde que lo ha visto, pero viendo que pasaba el tiempo y él no se acercaba se ha resignado. Sin embargo, ahora, su imaginación vuelve a volar y su corazón late con una fuerza descomunal. Si él la vuelve a besar así, su corazón saldrá disparado de su pecho y antes de que termine de pensar en ello, él vuelve a besarla.

Baja sonriente del coche y corre hacia el portal. Le gustaría fumarse un cigarrillo antes de subir como anoche, pero no tiene tiempo. En poco más de una hora todos sus familiares ya estarán en su casa para cenar y aún tiene que ducharse, ayudar a su madre y arreglarse para una noche como esa. Se queda allí, agarrada al pómulo del portal esperando a que Carlos arranque y se marche y verlo por última vez. Mañana será un gran día, piensa. Esta ansiosa, mira su reloj y calcula las horas que quedan para rencontrarse nuevamente con él.

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