domingo, 15 de noviembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 2

 ¡Hola chic@s!

¿Con ganas de más? Aquí lo tenéis, el segundo capítulo de mi blog novela.

¡Deseo que os guste!




CAPÍTULO 2

Laia se levanta a medida mañana. Otra vez se ha quedado dormida en el sofá y ahora le duele la espalda. Sabe que si sigue descansando mal, pronto no rendirá. La falta de comida y el sueño acumulado puede hacer que enferme y debe cambiar sus hábitos. Se consuela pensando en que el martes, cuando salga de la redacción, marchara a su ciudad a pasar las fiestas navideñas. El año pasado no pudo volver a casa por aquellas fechas, pero estas no pretende faltar. Nunca antes había pasado una Navidad sola y se prometió a si misma no volver a hacerlo. No es que ella fuese mucho de celebrar unos días tan señalados, pero verse cenar sola aquella noche e imaginarse que todos sus conocidos estarían rodeados de sus familiares, le entristeció. Este año ha tenido que rogar mucho en la redacción para que le dieran los días, están en plena campaña, pero con muchas horas de más y esfuerzos, ha conseguido que le cedan una semana. En el bar le debían días con tantas horas extras que había echado, y aunque en un principio, su jefe se enfado, no ha tenido mas que consentírselo. Son épocas difíciles para dejar el trabajo colgado, pero ella más que nunca siente la necesidad de sentirse arropada por los suyos. Sabe que su madre no la dejara acostarse sin cenar y que no tendrá más que descansar y disfrutar. Podrá estar con sus amigos y se divertirá. Pero sobre todo repondrá fuerzas para un nuevo año lejos de todo lo que le hace feliz.

Aun tiene dos horas antes de irse al bar. Los sábados entra al mediodía ya que no tiene que ir a la redacción. Es el único día de la semana que llega pronto a casa y puede descansar, aunque también es el día que más agotada acaba. Los sábados en el bar se une la hora de la comida, con la del café y los carajillos y no hay intervalo de paz para descansar. Con suerte, hoy también comerá bien. Paqui, la cocinera, hará un buen menú para los comensales y ella también podrá disfrutarlo. Esta era una de las pocas ventajas que tenía trabajar allí, los sábados no se tenía que preocupar de prepararse un tuperware de comida recalentada o un bocadillo, Paqui cocinaba muy bien y todos los trabajadores del bar podrían disfrutar de ello si trabajaban a la hora de la comida. El sábado era el único día de la semana que Laia se echa algo caliente al cuerpo.

Antes de irse a trabajar se pone a recoger el piso. El sábado también es el único día que puede hacerlo. Es cierto que ella sola y con lo poco que pasa en casa, casi nunca tiene que recoger pero lo hace. Cuando llega a casa lo único que le consuela es el orden y el esmero con el que cuida todo lo suyo. Aprovecha para poner lavadoras y preparar algo de comer para la semana.

Cuando se acerca al bar, se asusta, esta repleto. Fran, su compañero, no deja de dar vueltas de mesa en mesa. Ella ha llegado pronto, aun le daría tiempo de echarse un cigarro antes de entrar, pero viendo lo apurado que esta su compañero decide entrar antes y echarle una mano. No es la primera vez que entra antes a trabajar, de normal suele hacerlo, pero su jefe nunca se lo valora. Sin embargo, Fran si que lo hace. Cuando ella ha estado muy cansada y han coincidido en turno, siempre le ha echado una mano e incluso cuando están juntos en el turno de noche, ha cerrado él solo dejándola ir a casa antes de tiempo.

Fran es un chico poco mayor que ella, muy alto y moreno. Es andaluz y vino a Barcelona por su amor. Según le contó una noche que tardaron en cerrar, se conocieron por Internet, pero al poco de llegar a la ciudad se dio cuenta que su amada le había mentido en más de una ocasión. Para empezar tenía pareja aquí y aunque tardo en decírselo, nunca lo quiso. Para ella fue un juego que no supo parar a tiempo, para él el mayor error de su vida. Según le contó, se sintió tan mal y tan humillado cuando supo la verdad, que no fue capaz de volver a su tierra. Entro a trabajar en el bar un año antes que ella y en poco, su jefe le otorgo el puesto de encargado. Que ella sepa no acabo sus estudios y aunque no han tenido mas trato que los ratos tranquilos que pasan en el bar, le cae bien. Si no fuese porque esta pasando una época un poco deprimente, se arriesgara a decir que Fran esta por ella. Siempre es muy atento y le sonríe cada vez que se cruzan. Intuye que es un chico tímido y que desde que rompió con su pareja no ha estado con nadie más, aunque algo le dice que si ella se lo propusiese, ambos podrían tener algo. Pero no, a ella no le gusta. Como amigo seria perfecto, pero como pareja, seguramente se aburriría a su lado. No es que ella haya tenido muchas relaciones, pero es una chica emprendedora, extrovertida y nerviosa. Si algo tiene claro es que la persona que algún día sea su pareja, deberá ser tan activa como ella para que pudiese llevar el ritmo y sabe que Fran no lo haría. Es un chico muy trabajador pero siente que cuando marcha del bar su vida se ve sumergida al ordenador, la televisión y con suerte, un poco de lectura. Demasiado tranquilo para su nivel de vida.

Laia entra rápidamente a la trastienda, se cambia, saluda a Paqui y entra en el comedor. Fran cuando la ve le sonríe y sin pronunciar la palabra y susurrando, le agradece que haya entrado antes. Tres horas más tarde, cuando el tiempo de comida ha acabado para los clientes, tanto Fran como ella marchan a la cocina a comer. Hoy Paqui les ha dejado dos platos enormes de canelones y unos filetes rusos de segundo. Han tardado tanto en el comedor que la cocinera ha marchado ya a casa. Con hambre y cansada, Laia se sienta en la mesa junto al joven con ganas de saciar su estomago.

- ¡Joder! Esto esta buenísimo. Esta Paqui es la caña –añade la joven.

- ¡Y que lo digas! Estoy muerto de hambre, vaya mañana llevamos. Por cierto,
gracias –le dice Fran.

- ¿Gracias? ¿Por qué?

- ¿Cómo que por qué? ¡Por haber entrado antes!

- ¡Ah, coño! Es eso. No te preocupes, no tienes que agradecerme nada. Tu hubieras echo lo mismo, ¿o no?

- Seguramente, pero… Déjame que te lo agradezca.

- ¿Y como quieres agradecérmelo?

- Invitándote a cenar, esta noche. ¿Qué me dices?

Laia por un instante siente que se va a atragantar con los canelones. ¡Hace tanto que no la invitan a salir que aquello le coge totalmente de sorpresa! Además, por mucho que ella intuyera que Fran sentía algo por ella, nunca pensó que tuviese el valor de plantearle salir. No sabe que decir, por un lado le gustaría salir a cenar con él. A muy malas, siempre es bueno tener un nuevo amigo, además a ella en Barcelona no le sobran. Pero por otro sabe que tiene trabajo pendiente si quiere irse de vacaciones. Aun tiene medio libro por leer y el lunes tiene que dar respuesta en la redacción. Si se retrasa no podrá irse a su tierra a tiempo.

- Lo siento Fran, pero esta noche no puedo. Tengo que terminar de leer un libro para el lunes y siento que no me dan las horas –añade.

- Ah… -dice desilusionado- Bueno, supongo que no importa. Ya habrá ocasión. El trabajo es el trabajo.

La chica nota como aquello ha entristecido a su compañero. Por mas que sus palabras han sido de comprensión su gesto ha cambiado por completo, incluso ha dejado de comer tras su negativa.
  • De verdad, Fran, hoy me viene muy mal, pero hagamos algo. Te prometo que cuando vuelva de mis vacaciones, aceptare encantada a que me invites a cenar –le dice para complacerlo.
  • En serio, no te preocupes, si lo entiendo...
- En serio te hablo yo, cuando vuelva de mi tierra, salimos a cenar. No hay más
que hablar.

  • ¿De verdad?
  • ¡Y tanto! Además, será lo primero que haga cuando llegue, si te parece.
El rostro del joven ha vuelto a cambiar. Nuevamente sonríe y ha cogido el tenedor para continuar comiendo. Después del descanso, ambos vuelven al trabajo. La tarde continua tranquila. Laia agradece que no haya fútbol esa tarde, sino se le hubiese echado el tiempo encima. Hoy sale a su hora y marcha a casa a toda prisa. Fran se ha despedido de ella cariñosamente, incluso se ofreció a acercarla. Aquel cambio del joven le agrada, hace tanto que ningún chico le presta atención, que agradece que el joven haya tomado iniciativa.

Cuando llega a casa, corre hasta la ducha. Con suerte hoy acabara la lectura y mañana podrá dedicarse a hacer un análisis mas interno de la novela. Debe crear un informe sobre ella y hacer una evaluación exhausta para su posible publicación o descarte. Sabe que a primera hora del lunes su jefa lo estará esperando y quiere dejarla con la boca abierta. Con suerte y mucho trabajo, cuando acabe de estudiar, le den un puesto como editora en aquella editorial y con ello, su futuro resuelto. Tiene que poner el máximo esmero si quiere que sus sueños se cumplan. Cualquier error puede ser el fin de su futuro como editora.

Nada mas ducharse, se tumba en su sofá y se pone a leer. Cuando lo acaba, lo tiene claro. Aquella novela debe ser publicada, mañana lo hará entender en el informe que redacte. Tiene que hacer una evaluación perfecta para que su jefa lo tenga en cuenta. Pero será mañana, hoy y tras un largo día de trabajo, se marcha a la cama antes de que se vuelva a quedar dormida en el sofá.

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