domingo, 29 de noviembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 4

 ¡Hola chic@s!

Ya esta listo el capítulo 4 de #tuyyosomostodos. Nuevos personajes y nuevas emociones para Laia... ¿Con ganas?

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 4

La joven no ha conseguido dormir en toda la noche. Son tan inmensas sus ganas de marcharse que temía quedarse dormida. Además, ayer tarde recibió la llamada de su mejor amiga Lara, proponiéndole salir a cenar esa misma noche. Todavía no ha llegado y ya siente que tiene planes. ¡Cuánto lo echaba de menos! Esta mañana se ha ido con tiempo al aeropuerto, no quería que un retraso tonto estropeara su vuelo. Prefiere tener que esperar allí a no llegar y que la traicionen las prisas. Además lleva un buen libro bajo el brazo que le hará mas amena la espera. El vuelo es puntual y tranquilo, el tiempo acompaña y no ha habido turbulencias. Ella lo agradece, aunque no es la primera vez que vuela siempre siente un poco de miedo y desconfianza cuando lo hace. A veces le gustaría ir en tren o incluso en autobús a casa, pero por más que lo mira no le sale a cuantas ni en dinero ni en tiempo. Sabe que lo más cómodo y económico a día de hoy para viajar es el avión.

Cuando llega a su destino corre a la puerta de salida en busca de sus familiares. Sabe que tanto su madre como sus hermanos estarán allí esperándola. Se muere por abrazarlos y sentirlos cerca. Han sido muchas noches las que ha llorado en silencio por tenerlos tan lejos. No tarda en salir cuando ya los ve. Los tres están allí deseosos y ansiosos buscando a que la joven saliese. Su madre es la primera que se hace eco de su llegada y corre tras ella. No le importa que el resto de las personas la miren, corre y abraza a su hija. Es un abrazo largo, fuerte y cálido. Laia siente que unas pequeñas lágrimas brotan de sus ojos pero se hace la fuerte. Si ellos algún día fueran conscientes de lo mucho que los extraña, la obligarían a volver y no lo puede pretender. Si es cierto que allí esta sola y aislada y que trabaja muchísimo, pero es lo que desea. Si quiere ser una buena editora solo lo alcanzará en una gran ciudad. Sus hermanos son los siguientes en abrazarla. Su hermana pequeña casi tiene que empujar a su madre para que esta le deje espacio para saludarla y su hermano, el mayor de los tres, la coge en brazos y la acurruca como solo él sabe hacerlo. Ya esta en casa, piensa y será feliz. Se merece estas vacaciones y piensa disfrutarla al máximo.

De camino a casa les comunica que esa misma noche piensa salir. Aquello disgusta a su madre, ella tenía pensado hacer algo especial de cenar y estar en familia toda la noche, pero la entiende y comprende. Ella no es tonta y por más que su hija intente ocultárselo cuando hablan, sabe que se siente sola y debe apoyarla los pocos días que tiene a su alcance.

Una vez en casa, Laia se siente bien. Aquello esta tal cual lo dejo la última vez. Solo extraña a su padre. Hace cuatro años que falleció y aunque la vida siga, no verlo en aquel comedor como antaño, le entristece. Durante unos minutos se queda allí, inmóvil, pensando en la cantidad de recuerdos que le trae estar allí. Aun con la maleta en la mano, se dirige a su habitación. Su madre, cuando ella se marcho, prometió no tocarle nada y lo cumplió. Aún estaban todos sus posters colgados en la pared, su escritorio seguía teniendo aquellas pintadas que ella hizo mientras estudiaba para selectividad y sus libros favoritos colgaban de su estantería. El edredón de su cama era el que la había acompañado toda su juventud. Estar allí, le hacia bien.

Mira el reloj, en una hora ha quedado con Lara. Si no quiere retrasarse, deberá meterse ya en la ducha, arreglarse y correr hasta el sitio acordado. Después de varios vistazos al interior de su maleta, ha decidió ponerse unos vaqueros oscuros y una camisa a cuadros azules. Si se recoge el pelo y se complementa con sus botas negras y un bolso a juego, ira bastante bien.

Una vez lista corre hasta el sitio acordado, se muere por ver a su amiga y abrazarla. Se conocen desde hace seis años y entre ellas surgió una amistad verdadera. Aunque ambas son diferentes, son conscientes de que una no sería nada sin la otra. Lara aporta madurez y sencillez a la relación, mientras que ella impulsividad y cariño. Allí esta, se dice. Lara la espera donde siempre, esta guapísima. Sigue igual de alta, esta más delgada que la última vez y tiene el pelo mas largo. Los años le sientan bien a esta muchacha. Lleva una falda por la rodilla, luce unas botas altas y una chaqueta blanca. Su look ha cambiado un poco, para lo que ella recordaba, pero sin dudarlo esta mucho más guapa. Lara no esta sola, esta acompañada de dos chicos. Uno intuye que debe ser Dani, su nuevo novio. Es un chico moreno, algo más bajito que ella que la abraza y la acaricia mientras le sonríe. El otro joven no tiene idea de quien es. Es un chico de estatura media, rubio y aunque no lo ve demasiado bien, aun esta muy lejos, parece mono.

Se acerca hasta ellos, un poco nerviosa y perdida. Que su amiga haya invitado a esos chicos no le agrada. Ella quería disfrutar de Lara a solas, ponerse al día sin nadie de por medio y reírse como dos quinceañeras “criticando”. No le da tiempo a llegar cuando su amiga ya corre tras ella. Nada mas verla ha soltado a Dani que la agarraba de la cintura y corre calle a bajo en busca de los brazos de su amiga.

  • ¡Tía estas guapísima! ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Abrázame! –pide entusiasmada.

  • ¡Lara tu si que estas guapa! A ver… ¿y este cambio de look? ¡Pareces toda una mujer! –sonríe Laia.
  • ¡Ya soy una mujer! ¡Tía ya tengo veintisiete años!
Cierto, Laia y Lara se conocieron cuando ambas tenían dieciocho y veintiún años respectivamente. Coincidieron juntas el primer año de facultad y desde entonces, son inseparables. Por más rápido que pase el tiempo, los años pasan y ellas crecen. Aunque a veces parezca increíble ese cambio.

  • ¡Cierto! ¡Y muy bien llevados! –le dice mientras le pide que de una vuelta para inspeccionarla.
  • Bueno ven, quiero presentarte a alguien –le dice mientras la agarra del brazo y la lleva hasta los chicos-. Este es Dani, mi novio, y este es Carlos, un amigo.
Laia se acerca hasta Dani y le saluda con dos besos. No es un chico muy atractivo pero si su amiga lo ha elegido es porque tiene que valer mucho la pena. Si algo bueno tiene Lara es su exigencia a la hora de estar con un muchacho. Antes de dar cualquier paso, lo estudia minuciosamente. Al contrario que ella que es impulsiva y pasional, así le pasa, que en más de una ocasión ha sufrido por amor.

Cuando se acerca a saludar a Carlos queda prendada de sus dos ojos verdes. El joven, que ella intuye que debe ser de su edad más o menos, es bastante atractivo. Es rubio, con ojos claros, un cuerpo cuidado y una sonrisa perfecta, de estas que enamoran a cualquier chica. Cuando le ha sonreído mientras la saludaba, ha rezado para que no notase que le había gustado físicamente. Últimamente esta un poco torpe con los chicos y teme que él se haya dado cuenta de la revisión que le acaba de hacer. Agarrando a su amiga del brazo y dejando que los jóvenes caminen delante de ellas hasta el restaurante, le pregunta…

  • Tía… ¿No íbamos a cenar solas? ¡Qué marrón! ¡Con todo lo que tenia que contarte!

  • Ya lo sé Laia, disculpa. Solo que hace días que no veo a Dani, tenemos cambios de turno en el trabajo y para una noche que podíamos salir… Llámame egoísta pero esta noche quería estar contigo y con él y no se me ocurrió otra cosa que avisar a Carlos para que nos acompañase y tú no te sintieras tan violentada. Lo siento tía, de verdad, no se me ocurrió nada mejor.
  • No te preocupes… -añade- Por cierto, ¿quién es Carlos?
  • ¿Qué pasa pillina? ¿Te gusta? Ya me he fijado como lo has mirado. Poco más y tengo que limpiarte las babas.
  • ¿Gustarme? ¡Que dices tía! No seas tonta jajá.
  • No disimules, que a mi no me mientes, nos conocemos, pero bueno, si tu quieres negarlo… ¡Allá tu! –sonríe- Carlos es compañero nuestro en el hotel.
Lara dejo aparcada la carrera hace tres años cuando entro a trabajar como animadora en un hotel de lujo. En un principio lo hizo por evasión, estaba pasando un momento delicado, pero luego se hizo tanto a la faena y a sus compañeros que prefirió aparcar sus estudios y dedicarse plenamente a ello. Laia en un principio se enfado con ella por haber tomado una decisión tan descabellada, pero más tarde comprendió que lo que su amiga necesitaba era estar bien, ser feliz y sentirse realizada. Los estudios y formación era algo secundario para el momento que ella vivía. Y por suerte, todo le estaba saliendo bien. Se había enamorado, tenia nuevas amistades y su trabajo le apasiona.

  • ¿Es animador también? –pregunto curiosa.
  • Para no gustarte que preguntona estas, ¿no? Jajá.
  • ¡Buah tía! ¡Paso! –hay momentos en lo que odia que su amiga la conozca tanto.
  • No te enfades anda jajá, ya no te diré nada más. Si que es animador, tiene tu edad, esta soltero y es muy simpático. Además de muy guapo como acabas de ver jajá. ¿Algo más?

  • No, gracias, por ahora tengo suficiente –contesta con sarcasmo.

  • Estupendo, pues vayamos con ellos.
Los cuatro entran en un pequeño restaurante italiano del centro de la ciudad. De siempre le ha gustado aquel sitio, es íntimo, económico y toda la carta es buenísima. Lara y ella suelen frecuentarlo siempre que pueden. La cena transcurre con tranquilidad. Hacia mucho que no quedaba en grupo y se siente cómoda. Dani es un caballero y se ve a leguas que es un chico maduro y responsable, ahora entiende que Lara este con él. De hecho arriesga a decir que ese cambio de look que ha pegado su amiga se debe a su chico. Juntos parecen la típica pareja consolidada que está a punto de formar una vida en común. Parecen sacados de una novela romántica con final feliz.
Carlos ha estado muy pendiente y atento con ella. Parece un chico inteligente y divertido. Se ha interesado mucho por su trabajo en la editorial y ha alabado su valentía al dejarlo todo por un sueño. Ella ha intentado también saber de él pero no lo ha conseguido. Tiene la impresión de que será un chico introvertido y que no se abrirá tan fácilmente como ella, pero no le importa, al menos no por ahora. Antes de acabar con los postres, Lara le hace una señal para que la acompañe al baño. Ella extrañada, no son las típicas chicas que van juntas al lavabo, asiente.

  • ¿Qué ocurre tía? ¿Estas bien? –pregunta alarmada.
  • Si, tranquila. Te he pedido que me acompañases para hablar a solas contigo, quería pedirte un favor.
  • ¿Un favor? Dime, claro. ¿Qué necesitas?
  • Necesito que te vuelvas a casa con Carlos. Dani me ha propuesto pasar la noche en su casa, esta solo, no están sus compañeros y me gustaría ir.
  • Tía… ¿Cómo me dejas sola? –se molesta- Bueno, va, no importa. Pero vamos, no creo que tenga que volverme con Carlos, puedo coger un taxi y listo.
  • No, no. Él trae su coche, puede acercarte. Supongo que ahora se lo estará comunicando Dani, así que no seas cabezota y nos dejes malamente. ¿Qué más te da?
  • A ver tía, yo no lo conozco, me voy a sentir muy incomoda con él en el coche… Entiéndeme.
  • ¡Pero si es un chico majísimo! ¡Lleváis toda la noche hablando! Pensé que te caía bien.
  • Y me cae bien, pero tener que comprometerlo en acercarme, pues no me parece. Yo puedo irme sola a casa, ya no somos crías.
  • Anda por favor, deja que él te acerque. Solo así me sentiré mejor. Mañana te llamo y me cuentas, ¿vale?
  • Bueno anda, vale, no te preocupes… Vete ¡Pero esta me la pagas! Me debes una cena donde únicamente estemos tu y yo solas y pagando tu. Y como este tío se intente colar esta noche, te mato. ¿Te enteras? Jajá. Más vale que aproveches esta noche por si es la ultima –la amenaza entre risas.
  • ¡Estas loca! Jajá.
Ambas salen juntas del baño. Van cogidas de la mano y se sonríen. Los chicos extrañados las miran con asombro. Dani sabe que su chica tiene una relación un tanto especial con su amiga, pero nunca antes las había visto en acción. Por muy avisado que estuviera, no deja de sorprenderle. Carlos por el contrario le gusta, le resulta divertido y curioso.

  • Bueno… ¿nos vamos? –pregunta Lara.
  • Si, cuando digáis, vosotras mandáis –añade Dani.
Los chicos recogen los abrigos, pagan la cuenta y salen del restaurante. A Laia le gusta la temperatura que hace en su ciudad. Esta cansada del frío de Barcelona y aquello parece un sueño.
  • Oye Laia, te acerco, ¿vale? –le propone Carlos.

Por lo que se ve, Dani también ha hablado con él. La joven, mira a su amiga, mira a su novio, mira al chico, y asiente. Siente que de repente se ruboriza, pero ya no hay vuelta atrás. Carlos le atrae físicamente y aunque no se lo haya confesado a su amiga, siente que se pondrá nerviosa cuando estén juntos y solos en el coche. Hubiese preferido pillar un taxi y volver sola a casa, pero Lara no se lo ha permitido. Ahora tendrá que volver con él, espera que el transcurso del restaurante a su case pasa rápido y no sea muy comprometedor. Espera que Carlos no se sienta violentado con la propuesta de Dani y de verdad le agrede acompañarla a casa.

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