domingo, 10 de enero de 2016

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 10

¡Hola chic@s!

Primera noche junta de nuestros amantes favoritos. ¿Será todo como Laia sueña? No os digo mas.

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 10

Poco después de las cinco de la tarde, Carlos ya esta en su portal. Esta diferente. No lleva lentillas y usa gafas. Son de pasta negra y a pesar de lo que muchos crean, le sientan verdaderamente bien. Esta mucho más atractivo, le da un toque de madurez.
Se saludan con un cálido y corto beso y salen disparados hacia el pueblo costero. Durante el camino no hablan, se limitan a escuchar música y tatarear canciones. Se nota que ambos están nerviosos y confusos.

Una vez en el pueblo, se paran a tomar un café. Ambos están cansados y un poco de cafeína no ira mal.
  • He pensado –dice Carlos- que podríamos ir a casa a dejar las cosas y luego marchar a la playa. Así no dejamos el coche cargado y podemos ir mas despejados. ¿Qué te parece?
  • Por mi perfecto.
Terminan el café, pagan y vuelven al coche. El piso de Carlos esta en una urbanización lejos a la costa y tardan un ratito en llegar. Laia, cuando ve aquello, tiene la impresión de que ya ha estado allí. Todo le parece familiar, pero no hace hincapié en ello. Suben juntos al pequeño apartamento.

Es entrar por la puerta del piso y la joven comienza a temblar. Esta nerviosa y mira con esmero el lugar. Es pequeñito pero muy acogedor. Esta decorado con detalles costeros y el salón tiene unas cortinas azules muy simples y bonitas. Carlos se apodera de la situación y se pone a abrir persianas y a darle luz a aquel lugar abandonado en invierno.

Ella con timidez deja su mochila en una silla y se queda de pie, en medio de aquel salón desconocido. El chico que nota la incomodidad de la joven se acerca y le acaricia suavemente la cara.

  • ¿Estas bien? –pregunta.
  • Si, si. Solo estoy un poco nerviosa. No te preocupes –dice con la voz entrecortada.
  • ¿Por qué estas nerviosa?
  • Por la situación. Tu, yo, solos en esta casa… Me pone nerviosa.
  • Sabes que no va a pasar nada que no quieras que pase –asegura.
  • Lo sé, el problema es que creo que quiero que pase –confiesa.
Carlos, decidido, la agarra de la cintura. Lo hace con fuerzas pero no le daña, le excita. La besa y la acerca a la pared. Sus labios recorren sus labios y bajan hacia su cuello. Laia controla sin mucho éxito los pequeños gemidos que aquello le produce. Se deja besar y acariciar.

Fuera tiene que hacer un frio escandaloso, pero ahora se nota ardiendo. Tiene calor y el joven parece darse cuenta que le quita su camisa con delicadeza. Ella lo agradece. Notar sus manos sobre su cuerpo semidesnudo hace que se estremezca y se deja llevar. Con ardor y pasión desprende la camiseta del joven y toca su torso desnudo. Se sorprende a notar su cuerpo musculado.

  • Vayamos a la habitación –pide el joven.
Ella se deja llevar. No quiere dejar de notar sus labios y marchan juntos abrazados hasta la habitación del joven. Es una habitación sencilla, con una pequeña cama individual pero se siente bien allí. El joven que cada vez le acaricia con más deseo desabrocha sus pantalones dejándola únicamente en ropa interior. Él mismo se desprende también de los suyos y la arroja a la cama.

Allí las manos se pierden en ambos cuerpos. Laia desea sentirlo pero Carlos no tiene prisa. Le desabrocha su sujetador con sutileza dejando al aire sus pequeños pechos. Los acaricia y besa con dulzura. Baja su lengua por todo su cuerpo y le quita sus braguitas lentamente dejando todo su ser al descubierto. Con su mano acaricia aquella parte que acaba de descubrir haciendo que la joven se estremezca de placer. Esta húmeda y ella quiere corresponderle. Con nerviosismo, torpeza y algo de brusquedad, consigue quitarle los calzoncillos a su amado. El pene del joven queda allí, libre y excitado. Ella lo acaricia y lo besa como si aquello fuese lo último en la tierra. El joven gime y pide que continúe. Después de un largo rato de caricias y antes de que alguno llegue al clímax, el joven se levanta, se dirige a su mochila, saca un preservativo y se lo coloca.

Ella sigue tumbada en la cama, deseosa de que su chico vuelva y lo sienta suyo. No tarda en hacer su sueño realidad. Con ternura y pasión él introduce su sexo en el de ella y se fusionan. Sus movimientos son lentos pero es cuestión de tiempo que se acelere. A medida que la excitación crece, los movimientos son más rápidos y decididos. Ambos se miran y no dejan de besarse ni un segundo. Gimen, se acarician y se sienten. Los dos llegan al cielo a la vez, dejando sus cuerpos sudados llenos de placer y satisfacción. Se acarician y se besan por última vez antes de que el joven salga de ella y se tumbe a su lado a descansar.

  • ¿Te ha gustado? –le pregunta Carlos con timidez.
  • Si, claro –dice aun nerviosa y excitada.
  • ¿Te encuentras bien?
  • Mejor que nunca mi amor.
  • Me alegra preciosa –le dice mientras besa parte de su brazo.
Los jóvenes permanecen en aquella cama minúscula con sus cuerpos desnudos y en silencio por un largo rato. Solo se dedican alguna que otra mirada, alguna que otra sonrisa y se acarician. Laia

Laia se levanta de la cama poniéndose por encima la camiseta de su chico. Sale al balcón descalza y se fuma un cigarrillo. Ya ha oscurecido y no se oye ni un coche por la urbanización. Esta segura allí. Carlos no tarda en salir a acompañarla.

  • ¿Quieres que salgamos? –le propone.
  • Estoy bien aquí, no te preocupes.

  • ¿Segura?
  • Si, estoy feliz –se sincera.
Ella se gira y posa su cuerpo contra la barandilla del balcón. Él la abraza por la espalda y besa su cuello con dulzura. La joven sigue excitada y cualquier tacto de su amado hace que se estremezca y le flaqueen las piernas. Él lo nota, es consciente del efecto que produce en ella y se aprovecha. Vuelve a girarla y le sonríe con picardía. Le besa con pasión y la arrastra hacia su habitación.

Esta vez hay mucha más pasión que antes. Las caricias son más placenteras, la timidez ha desaparecido y ambos juegan a conocerse.

  • Te quiero –dice la joven.

El chico hace como que no la oye y sigue acariciando su ser. Esta húmeda y sus dedos saben encontrar su punto flaco. Gime y tiembla.

  • Te quiero –le repite.
El joven sigue haciéndose el sordo a pesar de que ha escuchado los susurros de Laia. Ella, no presta atención, no le importa que el joven no diga nada, pero se asusta al ver lo que esta soltando. No lo piensa, solo habla y se deja llevar. Su corazón le pide que se abra y ella obedece aunque este hablando de amor. En aquel momento, ama, quiere, siente y desea y de repente, se asusta.

  • Para por favor, para –le ruega.
  • ¿Qué pare? ¿Estas bien? –le dice mientras sigue besándola.
  • Si, si. Pero para por favor –le pide muy nerviosa.
  • Pero Laia… ¿Qué ocurre? –le pregunta mientras intenta abrazarla.
  • Por favor deja de besarme.
La joven sale de la cama y como una loca busca su ropa. Se empieza a vestir con prisas mientras que Carlos continua allí, mirándola, sin saber que le ocurre y sin saber actuar. A ella le ha entrado un ataque de pánico y es incapaz de hablar, solo quiere irse.

  • Llévame a casa por favor –le suplica.

  • ¿A casa? ¿Ahora? –pregunta- ¿Me vas a decir que te pasa?
  • ¡Que no me pasa nada joder! –se enfada- Me quiero ir.
El chico esta atónito y reacciona. Se viste, arregla su habitación y coge su mochila. Laia ya lo espera en la puerta. Bajan del apartamento y se dirigen al coche sin hablar. La joven busca la mirada de la joven pero esta, mira hacia abajo. No abre el coche.

  • ¿Estas segura de que te quieres ir? –insiste.
  • Si.
  • ¿Por qué?
  • Porque no quiero estar aquí.
  • ¿Y eso es todo? ¿He hecho algo mal?
¿Tu hacer algo mal? ¡No! Todo lo contrario. Todo es perfecto a tu lado, por eso quiero irme. Tengo miedo, estoy asustada, siento que te quiero y no puedo permitírmelo, piensa. Todo ha sido muy rápido y yo no estoy preparada, además no se si me correspondes, no quiero que me dañes, ya soy indefensa a tu lado.

  • No, pero quiero irme –es lo único que dice.
Carlos no vuelve a insistir. Le da al botoncito de cierre centralizado y deja entrar a la joven. Arranca el motor, pone la música alta y no vuelve a mirarla. Conduce enfadado y eso asusta a la chica.
Laia esta confusa. No ha sido capaz de confesar al chico sus miedos, y ahora que el pobre acepta sus suplicas, ella se arrepiente. Le gustaría que Carlos se le declarara y luchara mas por ella, pero no, no lo hace y los kilómetros avanzan. Cada vez están más cerca de la capital y ella ve cada vez más lejos de recuperar aquello que ha estropeado. Pero no dice nada, sigue callada, mirando por la ventanilla y reprimiendo sus ganas de llorar. No tardan de llegar a su portal y ella lo mira, lo mira buscando todo el amor que desea y no lo encuentra. Resignada sale del coche y él ni se despide, arranca el motor y huye.
Ella enciende otro cigarrillo y llora desconsolada. Ha metido la pata y ha actuado con inmadurez. Ya no hay vuelta atrás.

Sube por las escaleras y abre con cuidado la puerta de su casa. Se marcha directa a su habitación y agradece que su hermana no haya llegado. Se tira en su cama y llora, llora toda la noche y de forma desconsolada. Teme que le de un ataque de ansiedad pero no puede evitarlo. Se siente estúpida y enamorada, además acaba de estropear sus vacaciones.

domingo, 3 de enero de 2016

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 9

¡Hola chic@s!

Aquí tenéis el noveno capitulo. ¿Os va gustando la historia!

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 9

Son más de las doce de la mañana y Laia se levanta sobresaltada con el sonido de su móvil. ¿Quién será a estas horas?, piensa. Le duele la cabeza y aun esta un poco aturdida. Sin mirar la pantalla, descuelga.

  • ¿Si? –dice con voz ronca.
  • Buenos días borrachina –es Carlos.
  • ¿Qué hora es?
  • Es más de mediodía. ¿Aun duermes?
  • ¡Claro que duermo! Ayer desfase más de lo debido y ahora sufro las consecuencias.
  • Ya sé que ayer desfasaste… -asiente- Por cierto, ¿recuerdas todo lo que me dijiste ayer cuando me llamaste?
Laia piensa unos segundos. Recuerda que lo llamo, recuerda que hablaron pero es incapaz de recordar con claridad todo lo que se dijeron.

  • No mucho. ¿Por qué? ¿Dije algo que no debí decir? –pregunta asustada.
  • ¡No, no! Tranquila jajá.
  • ¿Entonces?
  • No te preocupes ahora, luego te digo todo lo que soltaste. Al final, ¿esta tarde podrás quedar?
  • Si claro. Después de comer puedo salir de aquí.
  • Había estado pensando y me gustaría proponerte algo.
  • ¡Suelta! –añade algo más despejada.
  • He estado hablando con mis padres y me dejan el piso de la playa esta noche. Si te apetece podemos ir allí y quedarnos a dormir.
  • ¿Juntos?
  • Claro, a ver… -se disculpa- No quiero que creas que quiero pasar la noche con un único objetivo, de hecho no es lo que pretendo. Pero he pensado que así podremos estar mas tranquilo, ir a cenar, pasear por la playa, conocernos y estar tranquilos. Pero si no quieres, lo entiendo. Quizás he sido muy directo.
  • No, no te preocupes. No me parece mala idea, de hecho me gusta. ¿Qué hay de malo? Además supongo que en tu casa no habrá una única habitación jajá.
Laia no piensa para nada lo que le ha dicho. De hecho no hay cosa que mas desee que pasar una noche a su lado y por seguro que no dormirá en una cama ajena a la suya. Tiene ganas de abrazarlo y despertarse junto a él. Pero tampoco quiere que él piense que esta todo hecho. La tiene ganada, si, pero quiere que se lo curre algo más.

  • Vale, perfecto. ¿Te recojo a las cinco? –propone el joven.
  • ¡Ok! Me pegas un toque y bajo. Ahora me inventare alguna excusa en casa, pero cuenta con ello.
  • Un beso.
  • Un beso.
Ambos cuelgan. Laia siente la necesidad de quedarse más tiempo en la cama, esta cansada, pero se despierta. Si quiere que su madre acepte de buen grado que esta noche dormirá fuera deberá ser la hija ejemplar lo que queda de mañana.

Con los ojos resacosos y un dolor de cabeza descomunal sale de su habitación en busca de una pastilla que la haga sentir mejor. Su madre ya anda trasteando por la cocina.

  • Anoche bebiste, ¿verdad? –le pregunta.

  • Si mama, se me fue de las manos, pero estoy bien. Una noche es una noche.
  • Eso espero hija, estoy preocupada –confiesa.
  • ¿Preocupada? ¿Por qué? –pregunta la joven sorprendida.
  • Te noto distinta. Antes de venir, cuando hablábamos por teléfono, te sentía triste, era consciente de que algo me ocultabas. Ahora te veo y estas mucho mas delgada. Y llevas dos días desmelenada, no paras en casa. Parece que no quieres estar aquí.
Laia siente que debe ser honesta con su madre, la nota preocupada sinceramente y no quiere que crea cosas que no son.

- A ver mama, déjame que te explique. Es cierto que en Barcelona no soy lo feliz que esperaba. Trabajo mucho, tengo muchas tareas pendientes, no tengo casi tiempo de estudiar y entre tanto compromiso laboral, me he olvidado de vivir. No salgo, no tengo casi amigos allí y me he olvidado de que soy joven y tengo que disfrutar. Respecto al peso, es normal. Me muevo mucho y como lo que puedo. No tengo tiempo para llevarme horas en la cocina, pero no te preocupes, estoy bien. No quiero que pienses que no tenia ganas de veros, de hecho os extrañaba mucho. Pero también extraño a mis amigos, y mis veinticuatro años. Aquí tengo gente que me quiere y para pocos días que tengo disponible, quiero aprovecharlos. Entiéndeme mama. Quiero reponer fuerzas para volver con las
pilas bien cargadas.

Aquellas palabras hacen mella en la madre de la joven que sin pretenderlo le caen dos pequeñas lágrimas por su cara. Entiende a su hija, claro que la entiende, de hecho ella se lo imaginaba. No es la única que lo pasa mal con la distancia. Ella la extraña cada noche, reza por su bienestar e intenta buscar siempre fechas para viajar a verla. Pero no siempre es posible. La madre de Laia trabaja y desde que se quedo viuda, no le quedo mucho dinero. Es bastante humilde y cada vez que pretende subir siempre le surge algún improvisto que la deja sin dinero para el vuelo. Ella también
sufre.

No le dice nada, la abraza. Es uno de estos abrazos que solo una madre puede darte. Es reconfortable, fuerte y lleno de amor. Laia se funde con ella, se siente como cuando era pequeña y corría a ella cuando se caía. ¡Cuánto ha echado de menos esos abrazos!

  • Mama –aprovecha- después de comer he quedado con Lara y creo que pasare la noche con ella. ¿Te molesta?
  • No cariño, no me molesta –miente-. Pásalo bien y disfruta.
  • Gracias mama –le planta un beso sonoro en su mejilla.
Ambas se quedan allí en la cocina, recogen los cacharros de la cena de ayer y preparan la comida. Hoy, día de Navidad, estarán solos y no cocinaran. Comerán todo lo que anoche no se ceno.
Sus hermanos no tardan en despertarse y unirse a ellas. Se nota buen ambiente, comentan la noche de ayer y se ríen. A las dos de la tarde se ponen a comer. No encienden la televisión. La familia cuanta anécdotas de cuando su padre vivía y admiten que todos le echan de menos. ¡Lo que cambio la vida desde que él falleció! Tardan más de dos horas en levantarse de la mesa. Ha sido una comida tranquila, amena y larga.

Laia después de ayudar a recoger, corre al baño. Tiene una hora para arreglarse, preparar una mochila con alguna muda y esperar a que Carlos la recoja. Ha intentado escoger su mejor ropa interior. Nunca se sabe que puede ocurrir. Tampoco es que tenga gran variedad, se trajo sus mudas más cómodas, pero intenta que de las pocas que trajo de Barcelona, escoger la que mejor le siente. ¡Quien le iba a decir a ella hace unos días que hoy pasaría la noche con un chico!

domingo, 27 de diciembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 8

Hola chic@s,

Laia vive su noche de Navidad rodeada de familia y sus amigos, pero Carlos esta en su mente. ¿Quieres saber que ocurre? ¡No te pierdas el octavo capítulo!

Deseo que os guste!!


 
CAPÍTULO 8

Los familiares de Laia llegan con retraso. La ha dado tiempo de sobra a hacer todo lo que tenia pendiente, incluso le ha dado tiempo de revisar su correo antes de cenar.

Cuando llega su gente no falta nadie. Están todos sus tíos, sus primos y sus abuelos. Algunos les dicen que han engordado, otros que la ven más delgada pero todos se preocupan por como esta viviendo en Barcelona. Si los que le han dicho que ha engordado supieran que lleva varios kilos perdidos y que ha bajado dos tallas desde que esta allí, se preocuparían, así que ella no hace más que asentir a todo lo que le dicen.

Intenta explicar poco y no centrarse solo en ella. Quiere saber que le ha ocurrido a cada uno el tiempo que ella ha estado fuera. Algunos de sus primos se han casado y otros han tenido niños y ella por la falta de tiempo se ha perdido todos los acontecimientos.

A poco más de media noche, Lara la llama. Ella ya esta disponible y le propone quedar en ese preciso instante. Avisa a su hermana, se retoca antes de salir y baja en busca de su amiga. Esta cansada, ha tenido un día bastante movido, así que le propone a su amiga que en vez de discoteca prefiere ir a un pub tranquilo, donde puedan charlar y estar a gusto sin tanto ajetreo.

Deciden ir a un local cercano de donde viven, le gusta aquello. La gente que frecuenta ese pub tiene una media de treinta años y aunque ella sea algo más joven se siente cómoda sin tanto “yogurin” borracho y con ganas de ligar fácilmente.

Una vez allí se anima, la música es buena y el ambiente agradable. Cuando ve que tanto su hermana como su amiga se piden una copa, ella no se echa atrás y pide una cerveza. Avisa que será la primera y la última. Nunca le ha sentado bien beber y quiere contarles todo sin verse afectada por el alcohol.

Aquella cerveza le sube antes de lo pensado y en vez de parar, se pide otra. Esta segunda se la bebe aun más rápido que la anterior y no haciendo caso a sus acompañantes, pide una tercera.
Todo el pub esta tranquilo y ella sin embargo, se ha desmelenado. Ha comenzado a bailar en medio del pub a pesar de que todos los allí presentes charlan sentados en cómodos sofás. Canturrea todas las canciones de moda que suenan y se ríe. Tanto Lara como su hermana la miran y no dicen nada.
Cuando más sumida esta en aquella fiesta, Carlos aparece en su mente. Recuerda sus besos, sus abrazos, sus caricias y lo extraña. Impulsada por el alcohol, lo llama. No le importa que sean las cuatro de la madrugada, ella quiere oírlo. Busca su número en la agenda y marca.

  • ¿Laia?
  • Si soy yo. ¿Estabas dormido? –dice alegre.
  • No, no. Aun estoy en casa de mis amigos. ¿Estas bien? ¿Te ocurre algo?
  • ¡Nadaaa! ¿Qué me iba a pasar?
  • ¿Has bebido?
  • ¡Algo! Jajá –confiesa.
  • Dime, ¿qué te ocurre? –pregunta sonriente, él también esta algo bebido.
  • Solo pensaba en ti.
  • ¿Ah, si? ¿Y qué pensabas? –dice en tono tontorrón.
  • Pensaba en anoche, en hoy y en mañana. Pensaba en lo maravillosa que serán las vacaciones a tu lado y en lo que ya te extraño –confiesa.
  • ¿En serio piensas todo eso?

  • ¡Claro tonto! –ríe- Nunca pensé que esto pudiese sucederme a mí pero estoy feliz a la vez que asustada.
  • ¿Asustada? ¿Por qué?
  • Tengo miedo a quererte –se delata.
  • ¡No digas bobada!
  • No son bobadas. Yo no sé lo que tú sientes por mí, pero sé lo que yo puedo llegar a sentir y tengo miedo. Tengo miedo a no ser correspondida y a sufrir.
  • No digas eso ahora, tú disfruta. Ya tendremos tiempo de hablar sobre ello.
  • ¡Si es verdad! Aun tengo que terminar la noche. Mañana cuando te vea, te haré ver lo que soy y me desearas tanto o mas de lo que yo te deseo a ti.
  • Estoy seguro. Un beso.
Ambos vuelven a colgar. Laia no es consciente de todo lo que ha soltado. Carlos se ha asustado al ver lo rápido que avanzan los sentimientos de su chica. Pero hoy es Navidad y ninguno de los dos esta dispuesto a estropear la noche.
Laia vuelve con su amiga y su hermana. Ambas le preguntan por su llamada pero ella se lo guarda para sí. Se dirige nuevamente a la barra y pide tres chupitos. Se le apetece brindar, aunque no sabe muy bien porque hacerlo.

  • ¡Por nosotras! –grita.
Y todas le siguen.

Aquel chupito es el detonante de su malestar. En menos de diez minutos empieza a sentir que todo le da vueltas y que es incapaz de controlar sus andares.
Su hermana es la primera en darse cuenta y junto a su amiga deciden dar por acaba la fiesta. Entre regañadientes Laia se deja llevar a la salida. A pesar de que están a escasos metros de donde viven, deciden pedir un taxi. En el estado que se encuentra la joven les costaría la vida llegar a su portal.
Una vez en el taxi, la borrachera de Laia se deja ver. Se pone a hablar con el taxista como una descocida y se ríe. Se ríe de su hermana, de su amiga y de todo lo que esta viviendo. Esta feliz y aunque ahora no se encuentra en condiciones, sabe que lo mejor esta por llegar. Nada ni nadie podría estropearle aquella relación, solo él. Pero ella confía. Confía en su palabra, en sus gestos y en su mirada y no teme. Antes pensó que si, pero se les han ido todos sus miedos. Mañana presiente que será un buen día y ella esta dispuesta a llegar hasta el final. Quiere entregarse a él aunque solo hace dos días que lo conoce.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 7

Hola chic@s,

Por fin os traigo el séptimo capitulo de mi blog novela. ¿Con ganas? La cosa esta interesante y ardiente. ¡No te lo pierdas!

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 7

Por suerte le ha dado tiempo de subir a su casa, peinarse y arreglarse un poco. No se ha podido cambiar de ropa pero va un poco más aceptable de lo que estaba. Cuando Carlos le avisa con una llamada perdida que ha llegado, ella corre al ascensor.

Nada más bajar lo ve. Esta tan guapo como anoche dentro de su coche. Ese coche que ayer vio todo lo que surgió entre ellos, ese coche cómplice del amor de ambos. Le sonríe y entra.

  • Lo siento –se disculpa mientras besa suavemente su mejilla.
  • ¡No te rayes! Dejémoslo estar. ¿Qué se te apetece hacer?

  • Lo que quieras… ¿Cómo que al final has podido quedar?
  • Convencí a mis padres. Les dije que no tardaría. Te vi muy apagada por teléfono e hice todo lo posible por verte.
La joven no le dice nada, lo mira y le sonríe. Siente que podría estar así siempre, es perfecto. Por ahora ya ha acertado en dos detalles y casi no se conocen. Si sigue sorprendiéndola así, en dos días estará loca por él, piensa.

  • ¿Qué te parece tomar un té? Conozco un sitio no muy lejos de aquí y así podremos charlar un poco y luego irnos –propone la joven.
  • ¿Un té? Nunca tome uno –añade.
  • ¿Nunca? ¡Pues ya va siendo hora! Yo soy una aficionada.
  • Como quieras, jajá. ¿Dónde esta ese lugar?
  • Yo te indico.
No tardan ni cinco minutos en llegar a la tetería. Mientras le dirigía, rezaba por que no la hubiesen cerrado. Lleva mucho tiempo sin estar allí y hubiese lamentado un cierre por la crisis o cualquier historia. Por suerte, allí sigue y esta abierta. Entran y se sientan en una pequeña mesita uno frente al otro.

  • ¿Te gusta? –le pregunta.
El chico esta alucinado, nunca antes había entrado en un local como aquel. Es todo muy tranquilo, hay una música de fondo muy apaciguada, esta decorado como una antigua mezquita y todas las mesas son pequeñas, no hay sillas, solo pufs.

  • Es chulísimo, me encanta.
  • Pues ahora solo hace falta que te encantes con uno de los tés que hacen aquí. Mira la carta, ¿ya sabes lo que vas a tomar?
El chico mira la carta con recelo. Hay mas de cien clases de tés diferentes y no sabe que escoger.

  • Tú eres la aficionada, aconséjame.
  • A ver, a ver –dice-. ¿Se te apetece con alcohol o sin alcohol?
  • ¿Hay tés con alcohol?
  • Claro, mira –dice señalando una parte de la carta.
  • Venga con alcohol, pero elige tu. Seguro que haces una buena elección.
Un joven camarero se nos acerca y nos toma nota. Para él escoge un té con ron y para ella uno de flores exóticas. No suele beber y no piensa hacerlo por ahora. Cuando se lo traen el chico se maravilla, le encanta. Ella también esta contenta por su elección, ya lo había probado y sabia que le gustaría, pero que a él también le guste hace que ese té le sepa aun mejor.

No pasan mucho rato allí, solo una hora escasa. Los dos hablan, se cuentan cosas sobre ellos. Él le explica que hace no mucho rompió con su novia y que trabajar en el hotel le ayuda a pasar página, mientras que Laia le explica su vida en Barcelona. No hay besos entre ellos, tampoco caricias, todo es más frío que la noche anterior, pero ambos están a gusto. Es un paso que ayer cuando se besaron se saltaron y tomarlo ahora, hace que todo se consolide un poco más.

Cuando se dan cuenta de la hora que es, corren hasta el coche y cada uno se marcha a su casa. No pueden tardar más, esta noche es Nochebuena y ambos tienen compromisos. Él además ha quedado después de cenar con sus amigos para salir y ella también tiene planes. Ha quedado con Lara y su hermana para salir de fiesta. Hace mucho que no sale de noche y le apetece desmelenarse y disfrutar de ambas.

Una vez en el coche ambos se despiden y se prometen ver al día siguiente. Han hecho planes. Laia quiere ir a la playa, quiere ver el mar de su ciudad y él le ha propuesto acompañarla. Después de comer volverán a estar juntos y con suerte podrán disfrutar de esa intimidad que ambos desean. Antes de bajarse del coche, él la detiene agarrándola del brazo.

  • ¿Dónde vas?
  • A casa. ¿Dónde voy a ir?
  • ¿Y te vas así sin más?
  • No se… -dice desconcertada- ¿Qué ocurre?
Carlos la atrae hacia él y la besa. La besa ardientemente y le acaricia. Rodea su cuerpo con sus brazos.

  • Ahora sí –le susurra.
Laia nota que sus piernas han perdido todas sus fuerzas. Cae sobre el asiento del coche y siente que su vista se nubla. Lleva deseosa de ese beso desde que lo ha visto, pero viendo que pasaba el tiempo y él no se acercaba se ha resignado. Sin embargo, ahora, su imaginación vuelve a volar y su corazón late con una fuerza descomunal. Si él la vuelve a besar así, su corazón saldrá disparado de su pecho y antes de que termine de pensar en ello, él vuelve a besarla.

Baja sonriente del coche y corre hacia el portal. Le gustaría fumarse un cigarrillo antes de subir como anoche, pero no tiene tiempo. En poco más de una hora todos sus familiares ya estarán en su casa para cenar y aún tiene que ducharse, ayudar a su madre y arreglarse para una noche como esa. Se queda allí, agarrada al pómulo del portal esperando a que Carlos arranque y se marche y verlo por última vez. Mañana será un gran día, piensa. Esta ansiosa, mira su reloj y calcula las horas que quedan para rencontrarse nuevamente con él.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 6

¡Hola chic@s!

La Navidad ha llegado a #tuyyosomostodo. ¿Con ganas de saber que ocurre?

¡Deseo que os guste!



CAPITULO 6

Laia se levanta temprano. Esta noche no ha conseguido pegar ojos. Teme que su hermana la haya oído moverse en la cama, ha estado toda la noche pensando en él. ¿Se estará obsesionando? Le gustaría llamarlo o mandarle algún SMS para decirle que ha pensando en él y que desea volver a verlo, pero anoche con las prisas y los nervios no le pidió su numero de teléfono. No tiene como localizarlo. De repente cae en la cuenta de que si es amigo de Lara seguramente, esta lo tenga agregado en alguna red social.

Corriendo y aun con sus familiares durmiendo, se conecta al ordenador y abre su pagina de Facebook. Localiza el perfil de su amiga y se pone a buscar entre sus contactos a Carlos. Allí esta, si que lo tiene agregado. Por un momento duda y no sabe si debería mandarle solicitud de amistad. Revisando se da cuenta de que el joven tiene abierto su muro para las amistades de sus amistades y cotillea. Mira sus fotos y sus estados. Sonríe al ver el último que puso el joven: “Una noche magnifica. Mejor que en un sueño.”

Intuye por la hora y la fecha que se refiere a ella. Ahora si que no tiene dudas, busca el botoncito para añadirlo y lo agrega. Ahora solo queda esperar a que se despierte y que le escriba. Se queda allí, inmóvil, mirando la pantalla del ordenador. Solo mueve el ratón cuando el salvapantallas se lo exige. No sabe que rato ha pasado pero su madre se levanta y se acerca hacia ella. La besa y la abraza.

  • ¿Qué tal anoche? ¿A qué hora llegaste? –pregunta.
  • No lo se mama, estuve con Lara.
  • ¿Qué hicisteis? –pregunta curiosa.
  • Fuimos a cenar y salimos a tomar algo por el centro –le miente.
  • Ehm, muy bien –dice poco convencida-. ¿Y qué haces tan pronto conectada?
  • Revisaba mis emails –vuelve a mentir.
  • ¿Y por qué no apagas y salimos a desayunar? ¡Estas de vacaciones!
  • ¿Ahora?
  • ¡Claro! Despertamos a tus hermanos y nos vamos los cuatro. ¿Qué se te apetecen churros o tostadas?
¡Nada mama, nada!, piensa. Lo único que quiere y desea es estar ahí, localizar a Carlos y quedar nuevamente con él. Claro esta que no puede hacerlo, se siente en deuda. Ayer nada mas llegar, se marcho y debe estar con su familia. Ha venido a verlos y estar a su lado, por un momento se le había olvidado lo que los extrañaba en Barcelona.

  • Me da igual, lo que tú prefieras.
  • ¡Vale! Despierto a tus hermanos. Vístete, en breve salimos.
Sus hermanos no tardan en despertarse y arreglarse. En menos de veinte minutos bajan los cuatro al bar mas cercano y juntos se sientan a desayunar. Al final optan por unas tostadas y unos cafés bien calientes. Hablan de todo y de nada. Laia les pone al día sobre su trabajo en la editorial, en el bar y sus estudios. Le habla de sus pocas amistades allí y les cuenta el paso tan grande que ha dado gracias a la confianza de su jefa. Ellos también les cuentan como les va y su madre, más sensible que el resto, le agobia a besos y abrazos mientras le dice una y otra vez lo que le echa de menos.

Por mas que lo intenta no consigue sacarse de la cabeza a Carlos. Esta muy a gusto con sus familiares pero solo desea llegar a casa y conectarse. Ya ha pasado un largo rato, seguramente este despierto y ella este ahí, sin saber de él. Ha pensado en llamar a Lara y pedirle directamente su teléfono, pero tendría antes que explicarle todo lo ocurrido y no se siente capaz. Ni ella sabe muy bien como y porque paso todo.

Cuando acaban de desayunar su madre insiste en no volver aun y dar un paseo por el barrio. Quiere ir de tiendas y hacer las últimas compras navideñas. Hoy es la gran noche y aun le faltan multitud de cosas. Ella intenta convencerla para que la deje ir, pero no hay excusa, todos deben ir con ella.

Una vez en el supermercado el móvil de la joven suena. El numero que asoma en su pantalla es desconocido, no lo tiene guardo. Por un momento teme que sea de la editorial con algún problema de la campaña navideña. Entre resoplidos, acepta la llamada.

  • ¿Laia?
  • ¿Carlos? –dijo nada más reconocer su voz.
  • Si, soy yo. ¿Qué tal estas?
  • Bien, de compras. ¿Cómo has localizado mi número?
  • ¿Recuerdas a Lara? Ella me lo dio.
¡Mierda! Ella había pensado en aquella opción, sin embargo no se atrevió, pero él, él si ha sido capaz. Se siente ridícula.

  • ¡Ah claro! ¿Cómo has dormido?
  • Poco, pero estoy muy bien.
  • ¡Me alegro! –dice entusiasmada al darse cuenta que no fue la única que no durmió.
  • ¿Qué haces esta tarde?
  • Por ahora nada, ¿por qué?
  • Podríamos quedar, podríamos ir a tomar algo o dar un paseo. ¿Te apetece?
  • ¡Claro!
  • ¿A qué hora te parece que pase a recogerte?

  • No te lo puedo decir ahora Carlos, no sé que planes tiene mi madre, si te parece, te llamo luego y te digo.
  • ¡Vale! Solo una cosa, que no sea muy tarde. A media tarde tendré que irme a casa de mis tíos, mi familia cenaran todos allí.
  • No te preocupes, yo tampoco estaré hasta muy tarde. Vienen todos mis familiares a cenar a casa y tendré que ayudar a mi madre.
  • ¿Nos vemos luego?
  • ¡Hecho!
  • Un beso guapísima. Me muero por verte.
  • Y yo a ti. Un beso.
Ambos cuelgan a la vez mientras ella, con la sonrisa aun en su cara y los nervios por la cita de esta tarde, se acerca hasta sus familiares. Tiene que avisar de que esta tarde saldrá y quiere hacerlo ya, antes de que sea su madre quien le organice el día.

  • Oye mama, esta tarde, antes de cenar he quedado con unos amigos –suelta.
  • ¿Esta tarde? Cariño sabes que hoy no es buen día para que salgas. Hay muchas cosas que preparar, además pensaba que iríamos a comer todos fuera.
  • ¿A comer? ¿Dónde?
  • Tu hermano quería llevarnos a un sitio nuevo que han abierto y esta un poco alejado, quizás nos entretengamos.
  • ¡Pero mama…!
  • Laia no empieces, entiendo que quieras disfrutar de tus amigos pero yo también quiero estar contigo.
  • Vale mama, yo salgo a comer con vosotros, pero luego me iré a tomar algo, por favor. Déjame ir.
  • Haz lo que veas, pero no llegues tarde. Antes de que llegue tu familia deberás estar duchada y arreglada. ¿De acuerdo?
  • ¡Hecho!
Todos salen del supermercado. Las compras han acabado. Solo su hermano se acerca a casa y sube la compra. Cuando baja todos se montan en el coche familiar y se dirigen al restaurante que han elegido. Laia se asusta al ver que se alejan demasiado de la capital. No quiere preguntar donde van, no quiere ser inoportuna, pero le alarma la distancia. Ya son treinta minutos los que llevan en el coche y aun no tiene pinta que este cerca. Después de cuarenta minutos llegan a la pequeña localidad donde comerán. Esta bastante alejada de la capital y la joven intuye estar en la sierra. Mira su móvil y no tiene cobertura. No quiere maldecir en voz alta, pero odia aquello. ¿Ahora como avisara a Carlos?
Se meten a comer en un restaurante que es especialista en carnes a la brasa. Aun enfadada tiene que admitir que aquel lugar merece la pena. Todo esta riquísimo. Siente que las horas pasan y que esta ilocalizable. Su madre, nerviosa, le pide que deje de mirar una y mil veces el móvil y que disfrute. Pero no puede, solo espera que sus hermanos se llenen bien pronto el estomago y vuelvan a casa. Tardan más de dos horas en salir del restaurante y aun queda cerca de una de trayecto. Hace cálculos y cuenta que hasta mínimo las seis de la tarde no podrá estar en la capital. Se lamenta, seguramente no podrá verlo hoy, ya le aviso de que no podría quedar muy tarde y viendo las horas que son ya presiente que no hay nada que hacer. En el coche sostiene el móvil entre sus manos. Solo espera volver a tener cobertura y poder avisar a su amado. Después de quince minutos en el coche un “bip” le alerta de que vuelve a estar localizable. A ese “bip” le siguen varios más y ella nerviosa, corre a leer cada uno de los mensajes que ha recibido mientras estaba sin cobertura.
Tres de ellos son de llamadas perdidas de Carlos, dos de llamadas perdidas de Lara y
uno de texto de Carlos.

“¿Dónde estas? ¿Por qué tienes el teléfono apagado? ¿Acaso no quieres hablar conmigo? ¿Hice algo? Me rindo, ya dirás tu.”

¡Mierda! Se ha enfadado. Tiene que llamarlo aunque este en el coche y lo oiga toda su familia. No puede dejar que piense que lo ignora o que no desea hablar con él. Corre y marca su teléfono. Un tono, dos, tres… ¡Cógelo, cógelo!
  • Dime Laia.
  • Hola Carlos, ¿qué tal estas?
  • Ya te imaginaras. ¿Qué te ocurría?
  • Nada, solo es que no tenía cobertura.
  • ¿Qué no tenias cobertura? ¿Dónde estabas?
  • He salió a comer con mi familia y nos hemos alejado hasta un pequeño pueblo. Allí no había cobertura.
  • ¿Y como no me avisaste antes?
  • No caí, lo siento. No pensé que fuéramos a alejarnos tanto y no le di importancia, lo siento. Perdóname, no quería darte a entender algo que no era.

  • No te preocupes, solo que yo ya no puedo quedar. Es tarde y ya te avise de que tenia que irme pronto.
  • Ya, lo supuse, no te preocupes. Si te pareces, lo dejamos para mañana –dice con la voz entrecortada.
  • Vale, te llamo. Por cierto, feliz Navidad, pásalo bien esta noche.

  • Igualmente, un beso.

Nada mas colgar, Laia tiene que mirar hacia la ventana si no quiere que su familia se dé cuenta de que esta llorando. Llora por rabia, por tristeza e impotencia. Se le ha quitado las ganas de cenar y salir esta noche. Solo quiere encerrarse en su habitación y odiar a su familia por alejarla de Carlos. Llama a Lara directa a romper los planes que tienen esta noche, pero comunica. Quiere escribir a Carlos, quiere volver a disculparse y decirle lo mal que se siente por lo ocurrido. No termina de escribir, cuando su teléfono vuelve a sonar. Es él nuevamente.
  • Oye Laia…
  • Dime.
  • ¿Cuánto tardas en llegar?
  • Supongo que poco más de veinte minutos. ¿Por qué?
  • Voy a por ti. ¿Te parece?
  • ¿Y eso?
  • Luego te cuento. ¿Qué me dices?
  • Que si, claro –contesta muy feliz.
  • Vale, en veinte minutos estoy en la puerta de su casa.
  • ¡Genial!
Las lágrimas han desaparecido por completo. En su lugar le brillan los ojos y sonríe como una niña. Sabe que también es tarde para ella, y que su madre no aceptara de buen grado que se marche, pero le da igual, no piensa dejar colgado a su chico. Si no quiere aceptarlo, que no lo acepte, pero ella nada mas llegar se ira con él y luego que sea lo que Dios quiera. Ahora solo desea llegar lo antes posible, quiere que esos veinte minutos se rebajen todo lo posible y estar cuanto antes con él. Sabe que no tiene tiempo de cambiarse y que no va muy favorecida, pero nada le importa. Solo quiere ver esos ojos verdes de nuevo y volver a sentir sus húmedos labios sobre los suyos.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 5

¡Hola chic@s!

Nuevo capítulo y grandes emociones en el capítulo cinco de #tuyyosomostodo. ¿Ya estáis enganchados? 
¡Yo si!

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 5

El coche no esta muy lejos de donde han cenado. Tanto Dani como Lara han tomado camino en otra dirección y ella junto a Carlos marchan en silencio hasta el auto. No hablan entre ellos, se nota que hay tensión entre ambos. Una vez en el coche el joven toma el control e intenta que ella se relaje.

  • Me ha comentado Lara que hacia mucho que no venias –le dice.
  • Es cierto, entre el trabajo, los estudios y la falta de vacaciones no he podido venir tantas veces como me hubiese gustado.

  • Lara no deja de hablar de ti, de hecho, tengo la sensación de que te conozco desde hace tiempo.
  • ¿En serio? –pregunta sorprendida- ¡Espero que hable bien de mi!

  • Habla maravillas, no hay día que no te nombre. Te echa mucho de menos.

  • Y yo a ella, somos como hermanas –responde sinceramente.
  • ¿Por cierto donde vives?
  • No muy lejos de aquí, de hecho, podría haberme ido andando, pero Lara no se hubiese quedado tranquila.
  • ¿A qué hora tienes que estar en casa?
  • No lo se, a ninguna supongo. Avise a mi madre de que llegaría tarde. ¿Por qué lo dices?
  • Es que si tuvieras tiempo, me gustaría enseñarte algo –propone nervioso.
  • ¿El que?
  • No quiero decirlo, si aceptas me gustaría que fuese una sorpresa.
Aquello coge desprevenida a la chica. De camino al coche no se han dirigido la palabra, en la cena han hablado lo justo y de repente le propone llevarla algún sitio. Todo le parece extraño. Pero no extraño como para asustarse, si no de agrado. Que el joven haya reconocido que siente que la conoce y que justamente haya pensando una sorpresa para ella le gusta y le hace sentir bien. No piensa demasiado su propuesta y acepta.

Carlos enciende el motor y se dirige a las afueras de la ciudad. Laia se asoma a la ventana y no pierde hilo de todo lo que ve. Ver la ciudad donde se ha criado después de tanto tiempo le entusiasma, esta maravillada.

En menos de diez minutos han llegado a su destino. Están a las afueras de la ciudad, en la parte alta. El chico le anima a salir del coche y ella nerviosa lo acompaña. Carlos la ha llevado a un nuevo mirador. Aquello es precioso, es poco más de media noche y toda la ciudad se ve iluminada. Ella se siente pequeña entre tanta hermosura. Por un instante, cree que se emociona. No se imaginaba nada parecido y la elección que ha tenido el joven le ha encantado.

  • ¡Esto es precioso! –exclama.
  • ¿Te gusta?
  • ¡Claro que me gusta! Hacia tanto que no venia, que no había nada que me hiciera tanta ilusión que ver mi ciudad al completo.
  • Te he traído hasta aquí porque pensé que te haría ilusión. Y además, al ser un nuevo mirador presentí que no lo conocías.
  • Y tanto que no lo conocía, gracias –añade mirándole directamente a los ojos.
  • No me las des, me conformo con haber acertado.
Por un momento Laia quiere besarlo. Es tan fuerte la atracción que empieza a sentir y le ha gustado tanto que la llevase hasta allí que quiere sentirlo. Pero no, aun no debe hacerlo, piensa. Quizás él solo ha querido ser simpático y no puede ni debe malinterpretar su gesto. A veces le gustaría ser menos impulsiva y no tener tantos deseos incontrolados. Pero aquello, aquello parece sacado de una de las películas románticas que tantas veces ve.

Ambos se sientan en un pequeño banco y se quedan en silencio. Laia mira las estrellas, mira su ciudad y lo mira a él. Sonríe, sonríe como hacia tiempo que no lo hacia y se siente bien. No quiere que la noche acabe, le gustaría estar ahí horas en compañía del joven.

  • ¿Sabes? Eres mas guapa de lo que imaginaba –añade sin más.
  • ¿Perdón? –pregunta sorprendida.
  • Al hablar Lara tanto de ti, me causo curiosidad y le pedí que me enseñara fotografías tuyas. Llámame loco, pero quería ponerte cara. Y he de reconocer, que eres mucho más bonita en la realidad.
  • ¿Lara te enseño fotos mías?
  • Si, muchas. Siempre con ella, de todas las aventuras que os habéis metido. ¿Por qué? ¿Te molesta?
  • No, para nada. Simplemente me sorprende, ella nunca me hablo de ti.
  • ¿No?
  • A ver, no te lo tomes a mal –recapacita- pero cuando hablamos lo hacemos únicamente de nosotras.
  • Ya, entiendo… -dice poco entusiasmado.
  • Pero bueno, eso no importa. Prefiero conocerte por mi misma –añade alegremente.
Aquellas palabras gustan al joven que sonríe abiertamente.

De repente, Laia se levanta y se acerca nuevamente al mirador. Deja caer sus brazos sobre el bordillo y piensa mientras mira a ningún lugar en concreto. Aquello le gusta más de lo que imaginaba y Carlos, él es muy especial. Cuando más sumergida estaba en sus pensamientos nota que el joven la abraza desde su espalda. Notar sus manos en la cintura hace que se estremece, las piernas le flojean y sus manos han comenzado a temblar. No se gira, sonríe dulcemente y sigue mirando al horizonte.

  • ¿De verdad quieres conocerme? –susurra el joven.
  • Solo si tú quieres que lo haga –añade aun sin mirarle.
Carlos decidido la gira. Ahora están uno frente al otro. Sus ojos verdes y los oscuros de la joven se fusionan. Ambos sonríen y permanecen inmóviles. Laia muere por besarlo pero no se atreve a dar un paso en vano. El chico si que se atreve y se lanza. Se aproxima dulcemente hasta ella, sin perder el campo de visión de sus ojos y cuando solo hay pequeños milímetros que los separan, se acerca, cierra los ojos y se deja llevar. Es un beso largo, tierno, y cálido. El corazón de la joven se pone a cien, nota que su pulso se ha acelerado y sin quererlo, suelta un pequeño gemido que hace sonreír a su acompañante.

Aquel beso no dura más que unos segundos aunque desde ese momento quedara guardado en el corazón de la joven. Se separan, Carlos le da la mano y la conduce hasta el coche. Allí se pasan horas, charlando, riendo y besándose. Parecen dos jóvenes alocados y enamorados perdidos en quien sabe donde.

  • Es tarde, deberías llevarme a casa –pide Laia mientras acaricia el rostro de su acompañante.
  • ¿Ya? Aun es pronto...
  • ¿No sabes lo que dicen?
  • ¿El que? –pregunta curioso mientras le da otro dulce beso.
  • Que lo bueno si es breve es doblemente bueno.

  • ¿Ah si? ¿Eso dicen?
  • Si, así que llévame a casa, dejemos la noche aquí –dice señalando su corazón-, mañana será otro día.
  • ¿Querrás verme?
  • ¿Tu que crees?
  • No lo se, llámame iluso, pero me gustaría oírlo, me gustaría que me lo dijeras. No quiero hacerme de rogar, pero deseo oírlo.
  • Claro que quiero verte.
  • ¿Mañana?
  • Mañana y todos los días que este aquí –añade convencida.
La joven acerca su mano a la espera de que el chico se la agarre y acepte su trato. Carlos, desconcertado, asiente al juego de Laia y sonríe.

  • Trato hecho, ya no hay vuelta atrás –sentencia la chica.
Carlos arranca el motor y sigue todas las indicaciones de su amada. Cuando llegan al bloque donde vive Laia se dan un dulce beso y se despiden. La joven se fuma un cigarro antes de subir a casa. Si su madre la viese llegar allí la descubriría en el acto. No se ve pero se siente diferente, seguro que le brillan los ojos y que aquella sonrisa tonta la delataría. Prefiere calmarse, recordar la noche fríamente y luego subir con la cabeza despejada. Aquello, todo lo que le ha ocurrido, parece sacada de una novela romántica. Nunca antes creyó que le pudiese pasar algo similar a ella y ahora que lo vive, ahora que lo siente, tiene miedo. Carlos es un chico directo, seguro y muy guapo y aunque hoy lo ha besado, no lo conoce, pero presiente, que dos noches como la de hoy y es capaz de enamorarse.

¿Puede permitirse eso ahora? Su vida esta en Barcelona, no tenia pensado volver tan pronto, pero por amor lo haría. ¡Para, para, para! Se dice a si misma. Aun es muy pronto para pensar en eso, quizás se esté equivocando, quizás no ocurra nada mas. Ahora debe tener los pies en la tierra y disfrutar esta semana. Ya habrá tiempo de pensar y analizar la situación. Ahora solo quiere dejarse llevar.

Laia se acaba su cigarro, lo apaga y sube hasta su casa. Con suerte estarán todos durmiendo y podrá meterse directamente en la cama y soñar. Soñar despierta es lo único que desea hacer. Crearse un mundo imaginario, como cuando lee, y ponerle fin a una historia que no ha hecho más que empezar.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 4

 ¡Hola chic@s!

Ya esta listo el capítulo 4 de #tuyyosomostodos. Nuevos personajes y nuevas emociones para Laia... ¿Con ganas?

¡Deseo que os guste!



CAPÍTULO 4

La joven no ha conseguido dormir en toda la noche. Son tan inmensas sus ganas de marcharse que temía quedarse dormida. Además, ayer tarde recibió la llamada de su mejor amiga Lara, proponiéndole salir a cenar esa misma noche. Todavía no ha llegado y ya siente que tiene planes. ¡Cuánto lo echaba de menos! Esta mañana se ha ido con tiempo al aeropuerto, no quería que un retraso tonto estropeara su vuelo. Prefiere tener que esperar allí a no llegar y que la traicionen las prisas. Además lleva un buen libro bajo el brazo que le hará mas amena la espera. El vuelo es puntual y tranquilo, el tiempo acompaña y no ha habido turbulencias. Ella lo agradece, aunque no es la primera vez que vuela siempre siente un poco de miedo y desconfianza cuando lo hace. A veces le gustaría ir en tren o incluso en autobús a casa, pero por más que lo mira no le sale a cuantas ni en dinero ni en tiempo. Sabe que lo más cómodo y económico a día de hoy para viajar es el avión.

Cuando llega a su destino corre a la puerta de salida en busca de sus familiares. Sabe que tanto su madre como sus hermanos estarán allí esperándola. Se muere por abrazarlos y sentirlos cerca. Han sido muchas noches las que ha llorado en silencio por tenerlos tan lejos. No tarda en salir cuando ya los ve. Los tres están allí deseosos y ansiosos buscando a que la joven saliese. Su madre es la primera que se hace eco de su llegada y corre tras ella. No le importa que el resto de las personas la miren, corre y abraza a su hija. Es un abrazo largo, fuerte y cálido. Laia siente que unas pequeñas lágrimas brotan de sus ojos pero se hace la fuerte. Si ellos algún día fueran conscientes de lo mucho que los extraña, la obligarían a volver y no lo puede pretender. Si es cierto que allí esta sola y aislada y que trabaja muchísimo, pero es lo que desea. Si quiere ser una buena editora solo lo alcanzará en una gran ciudad. Sus hermanos son los siguientes en abrazarla. Su hermana pequeña casi tiene que empujar a su madre para que esta le deje espacio para saludarla y su hermano, el mayor de los tres, la coge en brazos y la acurruca como solo él sabe hacerlo. Ya esta en casa, piensa y será feliz. Se merece estas vacaciones y piensa disfrutarla al máximo.

De camino a casa les comunica que esa misma noche piensa salir. Aquello disgusta a su madre, ella tenía pensado hacer algo especial de cenar y estar en familia toda la noche, pero la entiende y comprende. Ella no es tonta y por más que su hija intente ocultárselo cuando hablan, sabe que se siente sola y debe apoyarla los pocos días que tiene a su alcance.

Una vez en casa, Laia se siente bien. Aquello esta tal cual lo dejo la última vez. Solo extraña a su padre. Hace cuatro años que falleció y aunque la vida siga, no verlo en aquel comedor como antaño, le entristece. Durante unos minutos se queda allí, inmóvil, pensando en la cantidad de recuerdos que le trae estar allí. Aun con la maleta en la mano, se dirige a su habitación. Su madre, cuando ella se marcho, prometió no tocarle nada y lo cumplió. Aún estaban todos sus posters colgados en la pared, su escritorio seguía teniendo aquellas pintadas que ella hizo mientras estudiaba para selectividad y sus libros favoritos colgaban de su estantería. El edredón de su cama era el que la había acompañado toda su juventud. Estar allí, le hacia bien.

Mira el reloj, en una hora ha quedado con Lara. Si no quiere retrasarse, deberá meterse ya en la ducha, arreglarse y correr hasta el sitio acordado. Después de varios vistazos al interior de su maleta, ha decidió ponerse unos vaqueros oscuros y una camisa a cuadros azules. Si se recoge el pelo y se complementa con sus botas negras y un bolso a juego, ira bastante bien.

Una vez lista corre hasta el sitio acordado, se muere por ver a su amiga y abrazarla. Se conocen desde hace seis años y entre ellas surgió una amistad verdadera. Aunque ambas son diferentes, son conscientes de que una no sería nada sin la otra. Lara aporta madurez y sencillez a la relación, mientras que ella impulsividad y cariño. Allí esta, se dice. Lara la espera donde siempre, esta guapísima. Sigue igual de alta, esta más delgada que la última vez y tiene el pelo mas largo. Los años le sientan bien a esta muchacha. Lleva una falda por la rodilla, luce unas botas altas y una chaqueta blanca. Su look ha cambiado un poco, para lo que ella recordaba, pero sin dudarlo esta mucho más guapa. Lara no esta sola, esta acompañada de dos chicos. Uno intuye que debe ser Dani, su nuevo novio. Es un chico moreno, algo más bajito que ella que la abraza y la acaricia mientras le sonríe. El otro joven no tiene idea de quien es. Es un chico de estatura media, rubio y aunque no lo ve demasiado bien, aun esta muy lejos, parece mono.

Se acerca hasta ellos, un poco nerviosa y perdida. Que su amiga haya invitado a esos chicos no le agrada. Ella quería disfrutar de Lara a solas, ponerse al día sin nadie de por medio y reírse como dos quinceañeras “criticando”. No le da tiempo a llegar cuando su amiga ya corre tras ella. Nada mas verla ha soltado a Dani que la agarraba de la cintura y corre calle a bajo en busca de los brazos de su amiga.

  • ¡Tía estas guapísima! ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Abrázame! –pide entusiasmada.

  • ¡Lara tu si que estas guapa! A ver… ¿y este cambio de look? ¡Pareces toda una mujer! –sonríe Laia.
  • ¡Ya soy una mujer! ¡Tía ya tengo veintisiete años!
Cierto, Laia y Lara se conocieron cuando ambas tenían dieciocho y veintiún años respectivamente. Coincidieron juntas el primer año de facultad y desde entonces, son inseparables. Por más rápido que pase el tiempo, los años pasan y ellas crecen. Aunque a veces parezca increíble ese cambio.

  • ¡Cierto! ¡Y muy bien llevados! –le dice mientras le pide que de una vuelta para inspeccionarla.
  • Bueno ven, quiero presentarte a alguien –le dice mientras la agarra del brazo y la lleva hasta los chicos-. Este es Dani, mi novio, y este es Carlos, un amigo.
Laia se acerca hasta Dani y le saluda con dos besos. No es un chico muy atractivo pero si su amiga lo ha elegido es porque tiene que valer mucho la pena. Si algo bueno tiene Lara es su exigencia a la hora de estar con un muchacho. Antes de dar cualquier paso, lo estudia minuciosamente. Al contrario que ella que es impulsiva y pasional, así le pasa, que en más de una ocasión ha sufrido por amor.

Cuando se acerca a saludar a Carlos queda prendada de sus dos ojos verdes. El joven, que ella intuye que debe ser de su edad más o menos, es bastante atractivo. Es rubio, con ojos claros, un cuerpo cuidado y una sonrisa perfecta, de estas que enamoran a cualquier chica. Cuando le ha sonreído mientras la saludaba, ha rezado para que no notase que le había gustado físicamente. Últimamente esta un poco torpe con los chicos y teme que él se haya dado cuenta de la revisión que le acaba de hacer. Agarrando a su amiga del brazo y dejando que los jóvenes caminen delante de ellas hasta el restaurante, le pregunta…

  • Tía… ¿No íbamos a cenar solas? ¡Qué marrón! ¡Con todo lo que tenia que contarte!

  • Ya lo sé Laia, disculpa. Solo que hace días que no veo a Dani, tenemos cambios de turno en el trabajo y para una noche que podíamos salir… Llámame egoísta pero esta noche quería estar contigo y con él y no se me ocurrió otra cosa que avisar a Carlos para que nos acompañase y tú no te sintieras tan violentada. Lo siento tía, de verdad, no se me ocurrió nada mejor.
  • No te preocupes… -añade- Por cierto, ¿quién es Carlos?
  • ¿Qué pasa pillina? ¿Te gusta? Ya me he fijado como lo has mirado. Poco más y tengo que limpiarte las babas.
  • ¿Gustarme? ¡Que dices tía! No seas tonta jajá.
  • No disimules, que a mi no me mientes, nos conocemos, pero bueno, si tu quieres negarlo… ¡Allá tu! –sonríe- Carlos es compañero nuestro en el hotel.
Lara dejo aparcada la carrera hace tres años cuando entro a trabajar como animadora en un hotel de lujo. En un principio lo hizo por evasión, estaba pasando un momento delicado, pero luego se hizo tanto a la faena y a sus compañeros que prefirió aparcar sus estudios y dedicarse plenamente a ello. Laia en un principio se enfado con ella por haber tomado una decisión tan descabellada, pero más tarde comprendió que lo que su amiga necesitaba era estar bien, ser feliz y sentirse realizada. Los estudios y formación era algo secundario para el momento que ella vivía. Y por suerte, todo le estaba saliendo bien. Se había enamorado, tenia nuevas amistades y su trabajo le apasiona.

  • ¿Es animador también? –pregunto curiosa.
  • Para no gustarte que preguntona estas, ¿no? Jajá.
  • ¡Buah tía! ¡Paso! –hay momentos en lo que odia que su amiga la conozca tanto.
  • No te enfades anda jajá, ya no te diré nada más. Si que es animador, tiene tu edad, esta soltero y es muy simpático. Además de muy guapo como acabas de ver jajá. ¿Algo más?

  • No, gracias, por ahora tengo suficiente –contesta con sarcasmo.

  • Estupendo, pues vayamos con ellos.
Los cuatro entran en un pequeño restaurante italiano del centro de la ciudad. De siempre le ha gustado aquel sitio, es íntimo, económico y toda la carta es buenísima. Lara y ella suelen frecuentarlo siempre que pueden. La cena transcurre con tranquilidad. Hacia mucho que no quedaba en grupo y se siente cómoda. Dani es un caballero y se ve a leguas que es un chico maduro y responsable, ahora entiende que Lara este con él. De hecho arriesga a decir que ese cambio de look que ha pegado su amiga se debe a su chico. Juntos parecen la típica pareja consolidada que está a punto de formar una vida en común. Parecen sacados de una novela romántica con final feliz.
Carlos ha estado muy pendiente y atento con ella. Parece un chico inteligente y divertido. Se ha interesado mucho por su trabajo en la editorial y ha alabado su valentía al dejarlo todo por un sueño. Ella ha intentado también saber de él pero no lo ha conseguido. Tiene la impresión de que será un chico introvertido y que no se abrirá tan fácilmente como ella, pero no le importa, al menos no por ahora. Antes de acabar con los postres, Lara le hace una señal para que la acompañe al baño. Ella extrañada, no son las típicas chicas que van juntas al lavabo, asiente.

  • ¿Qué ocurre tía? ¿Estas bien? –pregunta alarmada.
  • Si, tranquila. Te he pedido que me acompañases para hablar a solas contigo, quería pedirte un favor.
  • ¿Un favor? Dime, claro. ¿Qué necesitas?
  • Necesito que te vuelvas a casa con Carlos. Dani me ha propuesto pasar la noche en su casa, esta solo, no están sus compañeros y me gustaría ir.
  • Tía… ¿Cómo me dejas sola? –se molesta- Bueno, va, no importa. Pero vamos, no creo que tenga que volverme con Carlos, puedo coger un taxi y listo.
  • No, no. Él trae su coche, puede acercarte. Supongo que ahora se lo estará comunicando Dani, así que no seas cabezota y nos dejes malamente. ¿Qué más te da?
  • A ver tía, yo no lo conozco, me voy a sentir muy incomoda con él en el coche… Entiéndeme.
  • ¡Pero si es un chico majísimo! ¡Lleváis toda la noche hablando! Pensé que te caía bien.
  • Y me cae bien, pero tener que comprometerlo en acercarme, pues no me parece. Yo puedo irme sola a casa, ya no somos crías.
  • Anda por favor, deja que él te acerque. Solo así me sentiré mejor. Mañana te llamo y me cuentas, ¿vale?
  • Bueno anda, vale, no te preocupes… Vete ¡Pero esta me la pagas! Me debes una cena donde únicamente estemos tu y yo solas y pagando tu. Y como este tío se intente colar esta noche, te mato. ¿Te enteras? Jajá. Más vale que aproveches esta noche por si es la ultima –la amenaza entre risas.
  • ¡Estas loca! Jajá.
Ambas salen juntas del baño. Van cogidas de la mano y se sonríen. Los chicos extrañados las miran con asombro. Dani sabe que su chica tiene una relación un tanto especial con su amiga, pero nunca antes las había visto en acción. Por muy avisado que estuviera, no deja de sorprenderle. Carlos por el contrario le gusta, le resulta divertido y curioso.

  • Bueno… ¿nos vamos? –pregunta Lara.
  • Si, cuando digáis, vosotras mandáis –añade Dani.
Los chicos recogen los abrigos, pagan la cuenta y salen del restaurante. A Laia le gusta la temperatura que hace en su ciudad. Esta cansada del frío de Barcelona y aquello parece un sueño.
  • Oye Laia, te acerco, ¿vale? –le propone Carlos.

Por lo que se ve, Dani también ha hablado con él. La joven, mira a su amiga, mira a su novio, mira al chico, y asiente. Siente que de repente se ruboriza, pero ya no hay vuelta atrás. Carlos le atrae físicamente y aunque no se lo haya confesado a su amiga, siente que se pondrá nerviosa cuando estén juntos y solos en el coche. Hubiese preferido pillar un taxi y volver sola a casa, pero Lara no se lo ha permitido. Ahora tendrá que volver con él, espera que el transcurso del restaurante a su case pasa rápido y no sea muy comprometedor. Espera que Carlos no se sienta violentado con la propuesta de Dani y de verdad le agrede acompañarla a casa.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Tu Y Yo Somos Todo - Capítulo 3

¡Hola chic@s!

Aquí teneis el tercer capitulo de mi Blog Novela. ¿Os va enganchando? Ya empiezan las emociones.

Recordar el hastag para hacer promo: #tuyyosomostodo

¡¡Deseo que os guste!!



 

CAPÍTULO 3

Laia se ha levantado antes de hora. Anoche cuando puso el despertador, lo adelanto. Ayer se paso todo el día redactando el informe de la nueva novela y no quería que los nervios la traicionaran. Hacer una evaluación tan detallada le llevo más rato del que creía, quería que todo fuese tan perfecto que no descanso en toda la jornada. Reviso todos los pros y contras del proyecto e incluso se entretuvo resaltando citas que hacían de esa novela una mágica. Quería, que hoy cuando se lo presentara a su jefa, lo viese perfecto.

Además si algo aprendió en la universidad, es que para una presentación fuera un éxito, debía estar presentable, así que ha aprovechado ese rato antes que se ha despertado, para cuidarse y mimarse a ella misma. Hoy no pretende ir en vaqueros y jersey a la editorial como suele hacerlo. Ha optado por un traje de chaqueta y se ha alisado su melena. También ha decidido maquillarse un poco, no mucho, pero si que ha escondido sus ojeras y ha resaltado su mirada. Cuando se mira en el espejo, se siente guapa. Los tacones y la falda del traje resaltan sus piernas, haciéndola sentir mas alta de lo habitual y aquel pelo suelto le da un toque de madurez. Su nuevo aspecto le da seguridad y sabe
que aquello le ira bien cuando este delante de su jefa. Llega pronto a la redacción. Sus compañeros no la reconocen cuando la ven entrar. Ella siempre va desaliñada y con el pelo recorrido y verla así, es de extrañar. Más de un joven y no tan joven de los que trabajan en la editorial se giran descaradamente al verla pasar. Ella lo nota pero no presta atención. No quiere perder el tiempo tontamente. No para ni en su pequeña mesa del despacho. Con su informe bajo el brazo y segura de si misma, se dirige al despacho de su jefa. Si algo se distingue esta jefa al resto, es que es siempre puntual. Es una mujer de unos cuarenta años que parece no tener más vida que estar todo el día metida en la editorial. Es la primera que llega y según le han dicho la ultima en salir. Muchas veces se ha preguntado si esa mujer tendrá familia o amigos y si los tiene, se ha preguntado cuando y que tiempo los vería.

Pica varias veces a la puerta y cuando escucha la probación de la mujer, entra decidida. Sabe que solo así conseguirá hacerle ver el poder y la magia que tiene la novela de ese joven autor novel. Si no da todo, el autor no alcanzara su sueño, o al menos, no con ellos.

  • Buenos días Sra. Garrido. Ya tengo el informe sobre la novela que me mandaste leer –le dice entregándole la carpeta que llevaba bajo el brazo.

  • Muy bien Laia, siéntese. Dejemos el informe –añade mientras lo deja en la mesa sin abrirlo-, cuénteme usted. Dígame que le ha parecido la novela sin tener la necesidad de leer el informe que me has traído. Prefiero escucharlo de tu boca.
Aquello descuadra a Laia por completo. En ningún momento nadie le dijo que tendría que hacer una exposición oral, si hubiese sido así se la hubiese preparado a consciencia, pero que se lo proponga de repente, le abruma. Ella es una chica a la que le gusta tener todo controlado, cuando algo se sale de lo estipulado, se pone nerviosa y le tiemblan las manos. Intenta que su jefa no se dé cuenta de su estado nervioso y con calma intenta hacer un breve resumen de la novela.

  • Sra. Garrido me gustaría empezar por el final, yo creo que esta novela debe ser publicada. Bueno no lo creo, estoy segura de ello. Dejar escapar un libro como este, seria perder mucho dinero y categoría como editorial. Esta novela juvenil es fresca, divertida, romántica y muy dinámica. Además contamos con la ventaja de que los protagonistas son vampiros y ya sabe usted, el poder que tienen ellos actualmente en los jóvenes lectores. Deberíamos aprovechar que es de género fantástico para hacer una buena promoción. Sé que nos encontramos con un escritor novel y sin nombre, pero también sé que este autor tiene magia en sus dedos. A mi, sin gustarme la fantasía, me ha apasionado, incluso me atrevería confesarle que me he emocionado. Sé que el equipo de prensa tendrá un duro trabajo con ella si queremos que llegue a cuantos más lectores mejor, pero valdrá la pena, lo tengo clarísimo.
  • Muy bien Laia, te haré caso. Ahora mismo contactaremos con el autor y nos pondremos mano a la obra. Gracias –contesto seriamente.
  • ¿Y ya esta? –dijo desilusionada.
Aquello si que ha roto los esquemas de la joven. Nunca pensó que fuese tan fácil. Por lo que había oído a otros compañeros, su jefa nunca acepta un si a la primera. A muchos editores considerados le costaba sudor y sangre que su opinión fuese valorada y que aquello hubiese sido tan rápido, le extrañaba.

  • ¿Cómo que ya esta? ¿A qué te refieres?
  • A qué todo me resulta muy fácil. Tengo entendido que usted es dura de pelar con los editores y viendo que ha aceptado mi propuesta tan rápidamente, me ha desconcertado. ¿A qué se debe? Si me permite preguntarle.
  • Que jovencita tan cabezota –respondió-. Que yo sepa esto es lo que le gustaría a cualquier editor, cuanto más a una becaria como tu.
  • Si, puede ser, pero al igual que usted me ha pedido mi opinión, a mi me gustaría saber el porqué de su aprobación. Creo que tengo derecho a saberlo.
  • Esta bien, se lo diré. Esta novela yo ya me la había leído y sabia que seria una buena elección publicarla, si la puse en sus manos es porque sé que no te agrada el género fantástico y tu valoración me serviría de ayuda. Si a ti que no te gusta la fantasía, te ha emocionado, imagínate la calidad que tiene esta obra.

Aquello tiene sentido, aunque se sienta engañada. Desde un primer momento creía que todo el poder estaba en sus manos, desconocía la valoración que ya había hecho su jefa aunque entendía su postura. Novelas fantásticas salen a puñado últimamente, pero que gusten a gente no aficionada al género, menos. Si Laia daba su visto bueno como lectora y editora, es por que la obra lo merecía.
  • Entonces, puedo decir, que me has usado como lectora y no editora, ¿verdad? –añadió con cierto enfado.

  • Si y no Laia. Si solo te la hubiese hecho leer para saber tu opinión sobre ella no habrías hecho el buen trabajo, que estoy segura que hiciste, en el informe. Dándote la oportunidad a ti sola de hacer una valoración has aprendido, has sentido la presión y has conseguido analizar una novela sin la visión de un lector aficionado. ¿Lo entiendes? Aunque no sea correcto u honesto, muchas veces sin presión no aprendemos todo lo que deberíamos y si algo deseo es que cuando tu beca acabe, tu acabes siendo una de las mejores editoras del país y para ello tenemos un duro y largo camino por delante.
Aunque parte de ella quiere rebelarse y gritar, sabe que su jefa lleva razón. En las otras novelas que leyó como sabia que estaba bajo la supervisión de un editor, no puso el cien por cien en ella, sin embargo en esta ha hecho un verdadero y sincero análisis. No se ha dejado llevar por lo que un superior opinaba, si no por lo que ella ha creído y únicamente así, se aprende.

  • Supongo que debo darte las gracias –añadió.
  • Entiendo que estés molesta y confundida Laia, pero algún día, me lo agradecerás. Ahora márchate, tienes algunas tareas que cerrar antes de marcharte de vacaciones. Por cierto, disfrútalas.
Aturdida y aun nerviosa por todo lo ocurrido, la chica sale del despacho. Aun tiene que cerrar algunos informes y terminar alguna que otra tarea pendiente. Hoy ya no tiene que ir al bar, así que en cuanto acabe podrá ir directamente a casa a preparar la maleta para mañana. Su avión sale a primera hora y debe tenerlo todo listo sino quiere que se le olviden la mitad de las cosas. Además aun tiene que salir a comprar algún que otro regalo para estas fechas. No puede llegar con las manos vacías. Sabe que en su tierra tendrá tiempo antes de Navidad para las compras, pero no quiere perder el escaso tiempo con sus familiares y amigos en ello. Prefiere aprovechar esa última tarde para comprar lo que le falta y una vez allí, disfrutar.

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